Hay un dicho castellano muy popular que afirma que nunca llueve a gusto de todos. Por supuesto, no hay mayor verdad y máxime si lo miramos desde el punto de vista de una región como la nuestra, La Mancha, tan dependiente desde siempre de los vaivenes meteorológicos a los que nos vemos sometidos.

Un ejemplo de que la naturaleza trastornó los planes de muchas personas en nuestra zona, especialmente por muchos amantes del deporte, lo encontramos en el año 1969 cuando la Vuelta Ciclista a España atravesó nuestra comarca.

En concreto fue el Lunes 28 de Abril de 1969 cuando la Quinta Etapa de la 24ª Edición de la Vuelta Ciclista partió de Madrid (del campo del Atlético de Madrid) y, moviéndose por la entonces denominada Nacional IV, llegó a Puerto Lápice. Desde allí se desvió hacia Herencia para terminar en Alcázar de San Juan.

Su paso por nuestro pueblo no pudo ser más accidentado. Así en el ABC del Martes 29 de Abril, el periodista Menéndez-Chacón describe el siguiente panorama:

“Por Herencia, los coches se vuelven anfibios. El agua no negra como las tristes aguas de la lluvia urbana, sino teñida por el noble ocre de las tierras de labor, se abre en abanico ante los automóviles y se convierte en implacable surtidor sobre los espectadores que aguantan impertérritos el chapuzón.

Se prodigan pinchazos y pequeñas averías, mientras la carrera sigue implacable, cada vez a más. Es muy arriesgado para el corredor quedarse atrás”.

Cuánto no llovería por nuestro pueblo que hasta algún jefe de equipo se permitió en torno burlesco decir al Director de la Carrera, Don Luís Bergareche:

“Bergareche: a ver si organizáis la Vuelta a España en barca”

Y así atravesaron nuestra localidad. Luego en Alcázar el vencedor sería el belga Raymond Steegmans, que en un complicado sprint se alzaría con el triunfo y se vistió con el maillot amarillo de líder (lo del maillot oro actual tendría que esperar algunas décadas).

La etapa despertó los nervios de muchos y las críticas de numerosos aficionados que, recordemos que estamos hablando de la quinta etapa, ya empezaban a quejarse de la falta de combatividad de los españoles. El periodista Enrique Canto de La Vanguardia fue así de duro con los nuestros:

“Los españoles están luchando con entereza pero sus enemigos son más rápidos, condición que no se compra ni se vende, pero en la que nuestros corredores pueden y deben mejorar. Sólo depende de que se lo propongan, pues de lo contrario morirán a disgustos, como lo que les causan estas derrotas en tierras de conquistadores y quijotes; pues ni en Extremadura ni en la Mancha han hecho honor a sus antepasados”.

Al final de esta edición de la Vuelta a España, el vencedor fue el francés Roger Pingeon. Segundo quedó un conquense que empezaba a consagrarse como gran figura del ciclismo nacional. Se trataba de Luís Ocaña.

Habría que esperar sólo cuatro años más para volver a ver pasar la serpiente ciclista multicolor por nuestro pueblo. Pero, ésa es otra historia que será descrita en un capítulo posterior.