fglbarracaDesde el pasado jueves y hasta el 15 de abril, el patio del Ayuntamiento acoge la exposición itinerante “El Teatro en la II República Española” organizada por el Centro de Exposiciones de la Diputación Provincial de Ciudad Real.

A través de paneles fotográficos y explicativos se realiza un recorrido histórico de un período fértil, en el que las políticas culturales del nuevo gobierno republicano trataron de paliar las enormes carencias en materia de educación y alfabetización que padecía buena parte de la población española.

La proclamación de la II República tras la derrota electoral de los partidos monárquicos en las elecciones municipales del 14 de abril de 1931, significó el comeinzo de una etapa intensa, en la mejora del nivel de educación y de acceso a la cultura de la población española. Fue bautizada como la “República de los intelectuales” o “la República de las Artes y las letras”. La realidad con la que se encontraron era demoledora debido al altísimo índice de analfabetismo que había en España (el 44’3% de la población, y la mayoría de la población alfabetizada era ajena al libro y a la cultura)

Fue un tiempo donde, la cultura se entendió como un bien común y no como algo reservado para las clases privilegiadas. Por ello, se puso un gran interés en la reforma de la educación, y en la preocupación por la cultura, para que por fin alcanzasen al conjunto de la población, especialmente rural, y se resolviera el abandono que sufría.

El teatro era  era un arte industrializado y sujetopor entero a las leyes del mercado. Las compañías, rígidamente estructuradas, funcionaban como empresas donde lo importante era el rendimiento económico y comercial, quedando en un segundo plano el apartado artístico. Como alternativa a ese teatro comercial, de manera esporádica, aparecieron tímidos experimentos artísticos de corto alcance, que dedicaron todos sus esfuerzos a potenciar la dignidad del teatro en España. Desde finales del siglo XIX surgieron algunas iniciativas, por lo general aisladas, tales como la Compañía de Libre Declamación (1896), el Teatre Intim y L’Escola Catala d’Art Dramatic de Adrià Gual.; el Mirlo Blanco en casa de los Baroja, bajo la dirección de Rivas Cherif; el Cántaro Roto (1926), por iniciativa de Valle-Inclán y Rivas Cherif.

El ideario del teatro en la II República quedó recogido en el proyecto definitivo redactado por Max Aub, para la creación de un Teatro Nacional, dirigido por el Presidente de la República, Manuel Azaña. Vieron la luz algunos proyectos que parecen iniciar un giro radical con respecto a la política teatral de etapas anteriores, pues el Estado decidió tomar parte en la organización y financiación de actividades escénicas. Entre estos proyectos cabe destacar la creación del Coro y Teatro del Pueblo de Misiones Pedagógicas y el Teatro Universitario “La Barraca”.

LAS MISIONES PEDAGÓGICAS

Las Misiones Pedagógicas no surgieron de modo espontáneo, sino que fueron fruto de una serie de iniciativas. En su origen estaría el influjo de la escuela nueva, fundada en 1910 y sobre todo de la Institución Libre de Enseñanza, creada en 1876 por Francisco Giner de los Ríos y promovida por una burguesía culta y progresista.

Supuso una profunda renovación de la pedagogía en España al recoger las experiencias más progresistas que tenían lugar en Europa. La Institución Libre de Enseñanza, cuyo objeto era la transformación de España a través de la educación, tuvo una gran influencia en la sociedad española del momento, siendo el germen de otras instituciones de carácter pedagógico entre ella se encuentran las Misiones Pedagógicas.

La primera disposición del gobierno provisional de la República fue el Decreto del 29 de mayo de 1931, que crea el Patronato de Misiones Pedagógicas dependiente del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Las Misiones fueron concebidas para terminar con las desigualdades existentes entre el campo y la ciudad.

LA BARRACA

barraca“La Barraca” fue fundada por Federico García Lorca y Eduardo Ugarte, que era secretario de la Unión Federal de Estudiantes Hispanos y estaba formada en su mayoría por estudiantes que procedían del Instituto Escuela. La idea -que tenía su antecedente más inmediato en una propuesta de Gabriel Garía Maroto de 1926 de una “barraca de arte”- fue apoyada por el ministro Fernando de los Ríos con una importante ayuda económica. La primera idea era la de divulgar nuestro patrimonio teatral. Y esta premisa figuraba encabezando su primer manifiesto de renovación, tanto los textos literarios a la hora de diseñar el repertorio, prestando atención a los autores del siglo XVII, y a su puesta en escena. Y para ello “se ha buscado la colaboración de pintores que participan de estas ideas. El movimiento y la luz, así como los trajes eran objeto de especial cuidado”.

Funete: Folleto de la exposición.

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