La Mancha húmeda a vista de avioneta
La Mancha húmeda a vista de avioneta

La Mancha, más bella que nunca, a vista de pájaro, y pletórica de agua. Más de tres décadas, al menos, han hecho falta para poder registrar imágenes tan espectaculares como estas, colgadas recientemente en la web por el piloto de una avioneta. Se trata de una ruta realizada de Este a Oeste sobre el Acuífero 23, a lo largo de los ríos Záncara y Cigüela, recorriendo los términos municipales de Alcázar de San Juan, Herencia, Villarta de San Juan, Arenas de San Juan y Villarubia de los Ojos, y que gracias a miciudadreal.es hemos podido descubrir.

La Mancha surcada por nudos de agua y autopistas azules, y barnizada de un verde casi fluorescente. Un horizonte cromático que se balancea hipnóticamente marcado por los virajes del aeroplano, y bajo el que se intuye el gran misterio manchego: el acuífero 23 como un gran mar subterráneo.

Este bello documento, firmado bajo el nick “Avioneto”, constata las excepcionales condiciones de los humedales manchegos tras las lluvias de las últimas semanas, que han hecho posible “milagros” como el rebosamiento de las Tablas de Daimiel, la completa recuperación de las Lagunas de Ruidera, el desembalse de todos los pantanos, el renacimiento de ríos desaparecidos, la aparición de géiseres o el hundimiento de decenas de metros de terreno.

Las condiciones tras el rellenado de los acuíferos son tales que se suceden los afloramientos de agua en el entorno del Guadiana, y los expertos prevén que los Ojos del río cervantino se “abran” de nuevo a la luz del sol entre los meses de mayo y junio. No lo hacían desde 1983.

Esperemos que espectáculos como este nos hagan reflexionar sobre la vital importancia de racionalizar, tanto a nivel político como personal, el consumo y gestión agrícola e industrial del agua. Imágenes como estas nos muestran el contraste entre la irresponsabilidad y la avaricia, y lo que pudiera significar para el planeta una gestión sostenible de los recursos naturales.

Vía: miciudadreal.es

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  • Un Bien de todos

    Ya es hora de tomar conciencia, convecinos, herencianos y herencianas. Da gusto ver imágenes así…

    En verdad, es nuestro río, es nuestra tierra, es nuestra economía, es el futuro para nuestros hijos, son los recursos naturales del pueblo en el que vivimos. Si no nos preocupamos nosotros por cuidar y preservar ésas últimas reservas de agua, no lo van a hacer en Nueva Zelanda. Es una cuestión de todos, seamos agricultores o no.

    En el Hermógenes Rodriguez, profesores como Pepe Almodovar, siempre nos sembró esa sensibilidad por nuestras sierras, por nuestro patrimonio, por nuestros ríos, por nuestro acuífero…

    Ahora estando lejos de Herencia, me emociono viendo éste vídeo, y viendo ésta belleza singular de nuestro paisaje. Me esperanza pensar que aún no hemos acabado con el acuífero 23, que aún hay vida, que el desierto no avanza, que unos campos áridos no serán aquí en 20 años…

    Antiguamente, ver agua en los ríos no era un hecho excepcional, era lo que la naturaleza había, sencillamente, determinado y lo que cíclicamente todos los años acontecía, durante milenios, en nuestra tierra. Mi madre sí pudo apreciar en numerosas ocasiones el fenómeno de los “ojos del Guadiana” por la carretera de Villarrubia cuando era pequeña, y salía a vender fruta y verdura con mi abuelo.

    A la altura de Villarta, se aprecia perfectamente el puente romano, una estructura milenaria, con 500 metros de longitud y con 46 ojos, puesto que los romanos ya vieron que aquel río, el Gigüela, tenía crecidas y su razón de ser era en formas pantanosas, creando lagunas a su paso.

    Se canalizó en un momento de la historia para tener más tierras de cultivo (como si estuviéramos estrechos en La Mancha) y esas formaciones pantanosas dejaron de existir. Por ello uno se pregunta para qué un puente de 500 metros de largo sobre el rio Cigüela…

    Durante siglos, el agua ha sido motor de la vida en la región, hasta el punto que Los molinos no eran únicamente de viento, también existieron decenas de molinos de agua en el Cigüela. El periódico El Rondadías lleva por nombre el conocido paraje donde aún podemos distinguir las ruinas de uno de ellos.

    Y uno piensa que si durante siglos nuestros antepasados han vivido y respetado el entorno, porqué en 30 años, apenas una generación, hemos cambiado esa forma de vivir (quizá austera y sencilla) que tenían nuestros ancestros, y hemos hecho un daño realmente serio a la Naturaleza.

    Con la entrada de bombas de extracción de agua del subsuelo tan potentes, la perforación sin control del acuífero, los cientos de pozos ilegales, la increíble contaminación del Amarguillo, los pesticidas, los abonos químicos, el monocultivo, la prácticamente inexistencia de árboles durante cientos de kilómetros, el problema de la desertificación y la erosión de nuestro suelo…

    Sería muy triste que nuestros nietos tengan que comprar tomates y sandías procedentes de Marruecos porque nuestro suelo ya no pueda darnos ese fruto. Como dice el proverbio aquel: “Sólamente cuando se haya cortado el último árbol, matado el último pez, y envenenado el último río, el ser humano se dará cuenta que no puede comerse el dinero”.

    No quiero ser un cascarrabias, pues no tengo edad para ello, pero sí que de ahora en adelante sintamos más la tierra como nuestra…Sólamente hay que subir al Alto Federico o al Molino de Parra y contemplar la llanura en silencio, y decir… “yo soy de aquí” y sentir la responsabilidad de curar y conservar lo nuestro, para que sea una hermosa HERENCIA para los que vengan.

    Seguro no soy el único que piensa así.

    Saludos convecinos, conciudadanos.

    E.