Un artículo de opinión de Ángel Martín-Fontecha. En recuerdo a un joven carnavalero.

Seguro que tú, amigo Gonzalo, desde hacía meses, y al igual que el sentir general del pueblo de Herencia, tenías  esta fecha marcada en mayúsculas. Fiesta local en tu pueblo por la celebración del Martes de Carnaval, desfile del Ofertorio con una historia de muchísimas décadas cuyo alcance, por si fuese poco en esta edición, acrecentaba su expectación por la declaración del Carnaval herenciano como fiesta de Interés Turístico Nacional; y tú, Gonzalo, relacionado directamente con diferentes grupos carnavaleros de la zona y amante reconocido de esta fiesta.

Pero los hechos sufrieron un convulso contratiempo y te viste involucrado, sólo unos días antes de esa fecha señalada,  en una macabra lotería que hizo que te cruzaras con unos malnacidos que truncaron tu sonrisa, cercenaron tus sueños y segaron esa vida que bullía alegría e ilusiones por los cuatro costados.

Dice la frase popular aquello de que “un tonto jode a un pueblo entero” pero, por desgracia, no es un tonto lo que se cruzó en tu camino. Voy a intentar omitir calificativos a los que deba anteponer el término “presunto” porque la rabia me impide hacerlo y seguro que algún avieso abogado estará pendiente en estos literarios asuntos más que en aclarar, con total justicia, los hechos que sucedieron.

Así que al menos tres personajes abominables, pérfidos e infames se enzarzaron contigo en un violento y desigual altercado en el que acabaron con tu vida de la forma más cobarde y cruel.

Siempre me ha impactado la letra de “Cruz de Navajas” de Mecano, donde describe las tres cruces que se ciernen sobre una víctima de un cruel asesinato; y no tengo por menos que ver reflejada tu situación con lo que se describe en la canción. Y al igual que en ella sobre ti, compañero Gonzalo, surgen tres maléficas cruces. La primera, la física, en tu cabeza que fue la que acabó con tu existencia; la segunda, quizá la que más duele, la que se extiende en los días posteriores a tu muerte y tu entierro con las malas intenciones de algunos comentarios en las desleales redes sociales, en unos titulares de alguna prensa canallesca  o, simplemente, en la maldad de la condición humana que habla, muchas veces, con la dañina intención de zaherir.  Han llegado a culpar al Carnaval, ¡¡¡ TU CARNAVAL !!! como contexto para entender tu muerte.

Pero hay una tercera cruz, que también sufre tu familia, tu gente y todos aquellos que sentimos sincera repugnancia por lo que te ha sucedido, y que es la espera impotente hasta que la justicia dirima sobre lo acaecido; pero, por desgracia, esta justicia humana que presume de ser garantista sólo lo es de una parte. Los acusados pueden hablar, tergiversar, mentir,… pues la ley se lo permite; los tortuosos abogados pueden buscar resquicios para conseguir salvar a sus malvados clientes, aún sabiendo la cierta verdad de los hechos… Son los avales de un sistema para con el “malo”, pero lo cierto y seguro es que el único al que no vamos a poder escuchar es a ti, Gonzalo.

GONZALO BUJÁN, tú eres la víctima y tu nombre es manoseado por todos. Sin embargo ellos son  R.C.U., J.F.C.F., y D.C.G, la salvaguarda para con los acusados sigue siendo notoria, pese a que las evidencias sean incuestionables.

Estamos viviendo días en las que los términos derecho, delito, justicia… van de boca en boca. Son conceptos que se convierten en la mínima esperanza para acallar nuestra impotencia, pues cuando a estos infames humanos se les conceda la pena que se les asigne, seguiremos sintiendo que la carencia de tu persona es para siempre y, por desgracia, la proporción del castigo nunca podrá suplir tu ausencia.

Hoy desde estas líneas quiero hacerte llegar la evocación perenne de toda la gente de bien que llora tu temprana marcha. Esa gente que ha llenado tu pueblo, Herencia, en un silencio respetuoso durante las fechas carnavaleras, ese pueblo como Tomelloso que paró su desfile escolar para ofrecerte un callado silencio a flor de piel, a las peñas de carnaval que te han mostrado su  cariño con flores el día de tu sepelio, a esa Peña vecina de Campo de Criptana que te ofreció entre lágrimas el Arlequín de Oro conseguido en el Domingo de Piñata, a las manifestaciones que se suceden  sintiéndonos también víctimas del abominable crimen que segó tu  historia…

Es lo que la gente de bien podemos ofrecerte. Nuestra ofrenda continua a tu memoria y nuestro desmañado apoyo a tu familia (que muchas veces no sabemos poner palabras a la profundidad de nuestros sentimientos).

Amigo Gonzalo, allá donde estés sigue participando en los desfiles carnavalescos de tu pueblo, ayuda con la ofrenda de tu alegría e ilusión para los que vivieron tan cerca de ti del disfrute de la fiesta de la libertad, … y espero que en breve, podamos ofrecerte tus paisanos ese momento carnavalero en tu memoria que quede para siempre en la historia secular del carnaval de Herencia, TU CARNAVAL.

Hasta siempre.

Un artículo de opinión de Ángel Martín-Fontecha.