Tribuna y Opinión por José Luis Gómez-Calcerrada Gascón

Como viene siendo habitual, hasta el punto de haber generado tradición, la panda de amigos a la que me honro pertenecer, la del pueblo, la de siempre, la que de tanto conocernos cuando uno abre la boca ya sabemos lo que va a decir, la que hunde sus raíces en muchos casos en la más tierna infancia , cada sábado de Carnaval encauzamos nuestros pasos hacia el restaurante de la gasolinera, que previamente, como todos los años, mi primo José María se había encargado de hacer la reserva correspondiente. Este año por 22 comensales.

La llegada al restaurante fue escalonada como quiera que algunos venían de ALCAZAR y quiso la casualidad que RAFI y yo solemos venirnos en el coche de Rosa y Juande, para evitar los controles, ya que Rosa es abstemia declarada y a otros nos gusta paladear en señaladas ocasiones un gin tónic de postre. Un ligero retraso, echemos la culpa a Juande, no se si decir “el carnicero”o el “de Rosa”que siendo villartera es como la mas herenciana de nosotros, justificó que a nuestra llegada ya estuvieran allí el grueso de los amigos, lo que me vino de perlas para sorprenderles disfrazado de ELVIS PRESLEY; por la tarde, en el pasacalles, me lo monte de punk con la panda de mi hijo. Me lo pasé bomba, lo que no resulta difícil con estos “cachondos mentales”. En realidad tenía motivos para estar contento: los chicos, los amigos, Herencia, RAFI y el campeón, aunque este último, mi nieto, en la distancia. Como decía, el panorama carnavalesco se presentaba de primera, tanto que en algún momento me recorrió el cuerpo una especie de espasmo que me supo más a preocupación que alegría. La verdad es que no me gustaría ser como los que teniendo dificultades se plantean en comerse el mundo; por contra, pienso que hay que cambiar poco ya que de lo contrario sería el reconocimiento de un fracaso. En realidad no se hacen cosas muy distintas en ambas situaciones.

Hubo sorpresa, sin duda, pero para algunos más que para otros. Se dice que Elvis no ha muerto y sus seguidores nos lo creemos porque nos interesa. Me fijé en su cara, la de Manuel Ramón y aparte de imaginar el sempiterno puro acariciando la comisura de sus labios, adiviné un rictus de satisfacción en el que se podía leer: “ no se si cenaré bien, pero lo que es seguro es que ceno con el rey del rock and roll”. Así somos los del CDS, perdón, digo los seguidores de Elvis. En realidad ambos han desaparecido y no me importa reconocer que los echo de menos, pero esa ya es otra historia y hasta puede que con tintes sicológicos.

La noche tenía el color de las grandes ocasiones y se respiraba alegria por doquier, ni más ni menos que el que produce el encuentro de amigos y amigas, que se ven menos de lo que quisieran. Por mi parte estaba cantado que haría mil imitaciones de ELVIS, incluso a última hora cuando más solos nos quedamos, ya que aún ahora, cada vez menos, suena la flauta y cerramos algún bar. Entonces, solo entonces, terminaría marcando los pasos de rock; eso si, ahora con el plato fuerte de bailar encima de una mesa, aprovechando el menor descuido de RAFI. Si “ la juerga se venía arriba”, mi primo José María para entonces ya había comprobado si las mesas eran de fiar.

Como es nuestra costumbre en la misma mesa nos repartimos por chicas a un lado y chicos a otro. La mesa en alargada estaba dispuesta a lo largo del salón, desde la puerta de entrada hasta el final, extendiéndose paralela a la fachada que da a la terraza de verano. La colocación tiene su aquel: en chicas, Mariconchi suele presidir uno de los lados de la mesa que para eso es la Presidenta, a este paso honorífica, de la panda. Entre los chicos preside mi primo José María, aunque la batalla del poder se libra entre los lugartenientes. Mi caso es paradójico, empecé hace muchos años en los aledaños presidenciales y he terminado en esa línea centrada en la que por un lado te toca la ultima chica y por el otro el penúltimo chico,que el último lo tengo pedido.

En fin, el inicio de la noche era prometedor; estábamos juntos, conversábamos, nos reíamos y si el restaurante nos lo permitía allí aprovecharíamos el último sorbo, ya que desde hace unos cinco años no vamos al baile.

Por mi parte, me fijé en la distribución de las mesas. Pude comprobar que cuando llegamos había ocupada una mesa en paralelo a la nuestra por la parte de las chicas y a ,continuación una mesa vacía, también en paralelo a la nuestra por el lado de los chicos. Si la memoria no me falla esta mesa fue la última en ocuparse, posiblemente no antes de las 22,15 horas. Del resto de las mesas resulta ocioso por innecesario abundar en detalles.

Mi interés en conocer el entorno de los comensales residía en valorar a bote pronto la previsible actitud ante una velada en la que de forma activa o pasiva ibas a pedir su colaboración. Recuerdo que en mis elucubraciones el resultado era de empate. En ese momento, sin apenas hacerse notar, habían ocupado su mesa, la que faltaba . Me fijé que sobraban dos sitios, pero mi encuesta de andar por casa con la mesa joven incorporada daba un resultado inapelable en el supuesto,claro está, que se cumpliese el axioma de que la juventud tuviese ganas de juerga, lo que a esas horas no me resultaba nada extraño, aunque es bien sabido que vivimos tiempos cambiantes, tiempos de sorpresa y, a veces, de barbarie.

Por fin la mesa huérfana de comida puede que desgraciadamente de más cosas se puso en movimiento y empezaron a susurrarse como si no quisieran molestar. Las caras eran de sorpresa primero y más tarde de indignacion. No daban crédito a lo que empezó siendo un rumor y acabó siendo una desgracia de límites incomparables. Los jóvenes comensales vecinos que habían guardado una abstinencia forzada en espera de dos amigos ausentes estaban recibiendo noticias a todas luces dramáticas. De los susurros se pasaron a los gritos y carreras para terminar en llantos abiertos y desgarradores. No cabía duda las noticias pensé que no eran buenas pero nunca que fueran fatales. En apenas quince minutos tuvimos ocasión de asistir en vivo y en directo al gran drama de la vida: la muerte, aunque yo me quedé con la lección de entereza que nos dieron los jóvenes comensales. Las noticias se fueron sucediendo pero pronto supimos que las noticias que situaban a un paisano en el hospital poco después lo daban por muerto. Todo había sucedido en un abrir y cerrar de ojos, tanto que no habíamos reparado que los dos asientos vacíos y ausentes correspondían a quienes justificaba la espera. En ese momento en el que tuvimos conocimiento del alcance de la muerte de Gonzalo decidí suspender mi actuación entre amigos de imitación a Elvis y que Gonzalo y sus amigos hubiesen disfrutado o por lo menos aguantado. Lo que daría por hacer reír a aquellos jóvenes que bien podrían ser nuestros hijos. El nombre de Gonzalo, mira por donde, es el nombre de mi nieto de algo más de un año por eso los familiares y amigos convendrán conmigo que sé de lo que estoy hablando.

Mi experiencia de las batallas propias de quien sin darse cuenta, como tantos otros, nos hemos instalado a tiro piedra de los setenta, es recurrir para encontrar explicaciones a lo imaginativo y exotérico, que es tanto como decir a lo mágico, lo que no me resulta nada difícil en mi condición de aficionado a la magia que entre amigos he bautizado con el alias del GRAN MERLÍN. Convendrás conmigo que aunque orgulloso del mote familiar prefiero este por llevar menor carga”de mala leche”. Y es que Gonzalo si yo fuese capaz de cantando mover las aspas de nuestros molinos de viento, alcanzar con la mano una estrella, meter el océano en una botella, tejer una alfombra de mil kilómetros con tulipanes, orquídeas, gladioloso y jazmín o congelar los rayos del sol. Se que por ti podría hacer eso y mucho más. Por poder hasta podría con un soplo alentar el viento y darle la fuerza de un huracán . Aunque si yo fuera capaz de detener el tiempo y darle marcha atrás tendría la esperanza de ganar un instante buscando parar ese segundo fatal en el que salir corriendo hasta ese circo romano y poder desviar el zarpazo de las fieras como golpe mortal. Si yo fuera capaz de detener el tiempo, pero no lo soy; Créeme Gonzalo, si yo fuera capaz de detener el tiempo…pero… tan solo soy un mago de la magia potagia .

Por eso en ese afán de no perder tu memoria, ahora que te he conocido por lo que cuentan paisanos y amigos, que es la mejor manera, el recuerdo de lo que pudo ser y no fue en esa imaginaría conversación de comensales vecinos de mesa a la que manos asesinas no te dejaron llegar. Todo es cuestión de tiempo, de modo que dentro de un año te prometo que en el mismo lugar y a la misma hora actuará Elvis; y cuando pasen los años y un programa de televisión pregunte que “ ¿DONDE ESTABAS ENTONCES ?” podamos contestar en el salón comedor del restaurante de la gasolinera, donde un instante de maldad desató una furia incontrolada que torció para siempre la rectitud de la vida ejemplar de un joven querido y admirado, que hizo no ya que llegara tarde a la cita sino que no llegara nunca.

Pero ya han ocurrido cosas extraordinarias que han unido más a nuestro pueblo y sus gentes: concentración de peñas, funeral, entierro y manifestación. Todos los actos cívicos o religiosos a tope; y todo provocado por ti y por la unanimidad que se ha conformado en torno a tu persona. Partidos, sindicatos, peñas, activos, jubilados, y sobretodo jóvenes, muchos jóvenes, tantos que parecía que faltaba pueblo. Sin ir más lejos, SERGIO, nuestro nuevo y flamante alcalde, al que los acontecimientos le han supuesto un máster práctico de urgencia apoyado en la inmersión total que ha tenido que hacer desde el primer momento. Su firme determinación de asumir el liderazgo de la situación y de hacerlo con éxito le colocan en el imaginario colectivo en el frontispicio de los grandes alcaldes.

A estas alturas, cuando la distancia de los acontecimientos, aunque corta, ya va tomando perspectiva, como corresponde a los hechos que en la vida de un pueblo son calificados de extraordinarios, no es exagerado afirmar que como EL CID, GONZALO gana batallas después de muerto. Hoy Herencia es un pueblo más sensible, más solidario y más sabio, que en circunstancias adversas no se ha dejado llevar por el histerismo, la rabia o la venganza.

Te acabas de ir a un largo viaje y ya despiertas nostalgia entre familiares, conocidos y amigos, pero también entre los que no te conocimos. De esa nostalgia te quiero hablar de la mejor manera que se hacerlo: la poesía, aunque sea con este torpe y modesto soneto:

“Con mi mayor nostalgia de gigantes y cabezudos
recorriendo con el Perlé las calles al atardecer,
las fachadas blancas y los zócalos pintados de añil.
Desde el invierno hasta el verano y
desde la primavera al otoño.
Desde la tierra hasta el cielo;
Fusión de Gonzalo , hombre cabal,
con su tierra natal: Herencia verde olivo,
pámpana exuberante y azul cielo”.