La Plaza Mayor de Ciudad Real se llenó de vida y color esta tarde con la proclamación del nuevo Pandorgo 2026, Antonio Martín Císcar. El evento, que forma parte de las celebraciones de la Pandorga, candidateada a Fiesta de Interés Turístico Nacional, estuvo marcado por la presencia de la Dulcinea, Andrea León Zapata, y de un nutrido grupo de asociaciones, peñas locales, vecinos y visitantes que no quisieron perderse la celebración. Siguiendo la tradición, la jornada continuó con la ofrenda floral a la Virgen del Prado en la Catedral, un acto solemne que refuerza el carácter devocional de la fiesta.
En el evento, se pudo ver al presidente de la Diputación de Ciudad Real, Miguel Ángel Valverde, acompañado por la portavoz del Equipo de Gobierno, Rocío Zarco, y la vicepresidenta quinta, Patricia Saldaña. Valverde destacó la Pandorga como una «exaltación del mancheguismo y la devoción a la Virgen del Prado», subrayando su fuerte arraigo histórico en la comunidad. En sus palabras, dejó patente que la Pandorga se ha convertido en un momento del año en el que los manchegos sienten con intensidad su identidad y devoción.
El reconocimiento de la Pandorga como Fiesta de Interés Turístico Nacional es, según Valverde, un objetivo a alcanzar gracias al impulso del Ayuntamiento de Ciudad Real y al creciente interés que despierta, como lo demuestra la afluencia de visitantes de toda la provincia. La festividad se presenta así como un espacio inclusivo y expansivo que, cada año, gana nuevos adeptos.
Por su parte, el alcalde de Ciudad Real, Francisco Cañizares, hizo hincapié en la importancia de la proclamación del Pandorgo y la Dulcinea, señalando este acto como el preámbulo del homenaje a la Virgen del Prado, figura central de la celebración. «La ofrenda floral es un momento de gratitud a nuestra patrona, cuya protección sentimos todo el año», dijo Cañizares, quien afirmó que, aunque la fiesta crece año tras año, la Virgen del Prado sigue siendo el alma de esta tradición profundamente vinculada a la identidad local.
La Pandorga, más que una fiesta, es un espejo de las tradiciones, raíces e identidad de Ciudad Real. Según Valverde, se ha convertido en un símbolo que trasciende la capital y se proyecta a toda la provincia. En un ambiente de música, danza y fervor, la comunidad ciudadrealeña ratificó su compromiso con una tradición que no solo celebra, sino que también fortalece su sentido de pertenencia y orgullo.















