Al conmemorarse el IV centenario de la publicación de la primera parte del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha (1605-2005), son numerosas las poblaciones manchegas que quieren encaramarse al carro de las celebraciones recordatorias de tan magno evento, y es que casi todas ellas se disputan el honroso título de ser aquel repetido y discutido lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiso acordarse el Príncipe de las letras hispánicas. Uno de esos lugares, que pasa desapercibido para las grandes agencias de turismo, que queda en un discreto segundo plano dentro de los espaciosos tramos de La Ruta del Quijote y que, sin embargo, tiene mucho que decirnos en relación a Don Miguel de Cervantes y a su personaje universal, es Herencia, villa perteneciente al Campo de San Juan, población manchega donde las haya, municipio siempre arraigado a sus principios primigenios, repletos en todo momento de recuerdos y alusiones a nuestro mito más universalmente conocido y a su progenitor literario. Es Herencia lugar de abundoso pan, de exquisitos quesos, de olorosos aceites y de renovados vinos que comienzan ya a despuntar en los mercados más exigentes. Merodeando por sus anchurosas calles y paseando por sus despejadas plazas, en la grata compañía y amena conversa de mi amigo Claro – con quien comparto el gusto por el arte y la pasión por la historia- advertimos nombres en el callejero herenciano de clara referencia cervantesca y quijotesca: Alonso Quijano, Don Quijote (un horno de pan y bollería, de los numerosos aquí existentes, también se llama así), Sancho Panza, Dulcinea, Aldonza, Sansón Carrasco, Rocinante, Maritormes (gentíl moza asturiana, dentro de los personajes cervantinos, que dio igualmente nombre aquí a una asociación cultural), Barataria, Los Molinos…pero es Cervantes el que sale mejor parado, con doble dedicatoria, una larga calle y una céntrica plaza, que es el ágora por excelencia de Herencia, lugar de encuentro y de paso, zona de comercio y de descanso, rebautizada popularmente como “Isla Perejil”, dada la sobreabundancia de inmigrantes que allí concurren entorno a locutorios telefónicos y a bancos de cómodo asiento. Preside el pequeño jardín, que allí se alza, un monumento dedicado a Don Miguel de Cervantes en 1953, obra del escultor J. Gutiérrez. Pero el tema no se acaba aquí. La Biblioteca Municipal es llamada, de igual forma, Miguel de Cervantes; y Ana, su activa bibliotecaria, cual otra Ana Martínez Zarco, del Toboso, es toda una señora en el mundo de los libros, organiza y anima todo tipo de certámenes, concursos, clubes de lecturas y cuanto motiva e incentiva el universo de las letras. Don Quijote, además de otras representaciones menores en las entradas al pueblo, en la fachada del antiguo tele-club etc., posee curiosa estatua levantada a la puerta del antiguo convento de frailes mercedarios, hoy dedicado a remozado Ayuntamiento. El caballero Don Quijote parece saludar a cuantos ciudadanos allí se dirigen y, cual perenne guardián, acaso crea velar armas en el pórtico de tan preclara edificación. La figura fue donada en el 2004 por P. Pablo Martín-Fontecha, y lleva la siguiente dedicatoria inscrita en un libro abierto a sus pies: “Para el pueblo de Herencia, lugar de La Mancha, de cuyo nombre siempre quiero acordarme”. Allí mismo, visitamos la Iglesia conventual de Nuestra Sra. de la Merced y la imagen de la Virgen, la popular “Hermosona” verdadera Dulcinea de la población. Fueron los mercedarios, redentores de cautivos que mantuvieron estrechas y amistosas relaciones con la familia Cervantes, lograron liberar del cautiverio a Rodrigo e hicieron lo posible por liberar también a Miguel, cooperando con los trinitarios para alcanzar su libertad total. Muy cerca de allí, la Casa-Museo de la Merced exhibe obras de artistas locales que han interpretado al Hidalgo caballero y a su digno escudero, baste citar al afamado acuarelista Martín Casado o al pintor Jesús Madero. Otros pintores foráneos, como el gallego García Lema, o el andaluz afincado en Madrid, Martínez-Rey, dejaron también aquí su impronta pictórica encarnando el mismo tema. Llegados a este punto no podemos dejar de recordar las veladas alusiones que Cervantes hace de Herencia en su inmortal novela. A decir verdad, no existe una mención expresa al pueblo, como hay de otras localidades cercanas, baste recordar a Puerto Lápice o El Toboso, citadas en diversas ocasiones. Sin embargo, tanto el pueblo llano como los cervantistas, han logrado entrever algunos pasajes alusivos. La desbordante y fantástica imaginación popular quiso que el lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiso acordarse Cervantes, fuese Herencia, ya que éste habría sido desheredado de una gran herencia familiar. Otros, quieren hacer de Andresillo, bellaquillo quinceañero, un herenciano pillo. Es en el capítulo IV cuando sale Don Quijote en defensa de es tal Andrés, un muchacho al que azotaba cruelmente su amo, Juan Haldudo, que lo acusa de perderle cada día una oveja…más acierto parecen tener quienes, basándose en el capítulo VIII, hacen que Don Quijote, tras quedar maltrecho en la encarnizada batalla campal con los molinos de viento en Campo de Criptana y encaminado hacia El Puerto Lápice, pase por el paraje herenciano de La Serna y escoja aquí una rama de floresta que sustituya a su perdida y rota lanza. Herencia, señorial y villa centenaria, ha sabido corresponder a Cervantes y ha mantenido vivo el recuerdo de su persona y de su obra. Los siete molinos izados en sus coronadas sierras, en los macizos de La Horca y San Cristóbal, cuatro de ellos restaurados y blanqueados, y otros tres desmochados aguardando ser reconstruidos, han sido bautizados con nombres tan bellos y significativos como Maritormes, hoy conocido como Parra, La dueña dolorida, La duquesa, Teresa Panza, Ama, Sobrina y Dulcinea. Los mayores de memoria lúcida recuerdan con añoranza como al ir a la escuela en sus años de niñez, a uno de aquellos colegios rurales de obscurecidas pizarras, de grandes mapas y de sufridos pupitres, tenían unos magnos tinteros decorados por un buen busto de Don Miguel de Cervantes, los mismos ancianos recuerdan un famoso Himno de Herencia, cantado en las escuelas en los años 30 del pasado siglo XX, su letra es como sigue: “Herencia, perla galana / del basto solar manchego / que un día infundió la gesta / de Alonso Quijano el bueno. / Hermosa flor hogareña / hija del yugo labriego. / Herencia, eres tu sola / la que sabes como eres / al dar gradas a tu Cristo / y a tu flor de las Mercedes / también tienes orgullo / de tener bellas mujeres / por eso tienes la fama / de ser manchega como eres. / Al abrigo de tus cerros / estás Herencia acostada / como bandas de palomas / sobre tu fértil llanada / llanada que orlan tus huertos / con broche verde tu fama. / Herencia, eres tu sola Otro par de hechos refuerzan la estrecha vinculación entre Herencia y Cervantes. Todavía hay quien guarda los artísticos billetes que circularon por la villa, están fechados el 1 de octubre de 1937, con valores de 1 peseta, 50 y 25 céntimos, editados por el Consejo Municipal de Herencia siendo alcalde Domingo Díaz, estando al frente la Colectividad obrera C. N. T., A. Cervantes. Estos billetes, a diferencia de otros pueblos de la época que se limitaban a expedir sobrios vales, están decorados con temas quijotescos, reproducen un grabado de la famosa batalla con molinos de viento, al tiempo que en un óvalo aparece representado el inmortal Cervantes, con rostro severo y grave. Verdaderas joyas para coleccionistas y numismáticos. Del segundo caso nos informan las hemerotecas. Viajamos en el tiempo y nos retrotraemos al año 1926, el 8 de abril de ese año, el Diario de Información El Castellano (nº 5721), editado en Toledo, vendido el ejemplar a 10 céntimos de las antiguas pesetas, publica una más que curiosa noticia. Dado el interés que suscita no nos resistimos a reproducir parte de la misma. Bajo el epígrafe “Cosas de cine” y con el título “Una mala aventura de los Interpretes de la película Don Quijote”, desde la redacción de Alcázar de San Juan se indica lo siguiente: “Cuando regresaba un grupo de artistas de filmar varias escenas de la película El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, del vecino pueblo de Herencia, al pasar por esta población, el automóvil que los conducía, efecto de una falsa maniobra, fue a chocar contra la casa que hace esquina, precisamente a la calle Cervantes, (Oh, ironía de las casualidades). Todos los artistas, españoles y daneses, -pues la película se impresiona por cuenta de la casa Palladium, de Copenhague- resultaron heridos…” Posiblemente, no sea una mera coincidencia el hecho de que Herencia y sus gentes atesoren, en sus entrañas más íntimas, tal cúmulo de historias, de anécdotas, de vivencias y experiencias cervantistas y quijotescas. Juzgue el lector por sí mismo las poderosas razones que aquí se aducen para ceñir razonadamente al omnipresente Quijote con este lugar de La Mancha. Es triste ver cómo casi nadie para por estos lares, prácticamente ninguno repara en su genuina idiosincrasia e historia. Advertimos que no somos lugar apartado, casi aislado, dentro del tramo 8 de La Ruta de Don Quijote; no es este lugar de paso, sino de parada, de parada y fonda. Un alto en el camino para reponer fuerzas con su rica gastronomía y lugar donde poder descubrir sosegados y agraciados paisajes, acogedoras gentes y un variado patrimonio artístico lleno de encanto rural. Sin duda, mucho para ver y mucho más que aprender. Ven y verás.

P. Mario ALONSO AGUADO, (Mercedario)
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Este artículo, con diferentes títulos y algunas variantes, fue publicado en los periódicos LANZA, 23 de mayo de 2005, y en CANFALI, 27 de mayo de 2005.

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