Uno de los edificios más emblemáticos de la villa de Herencia y uno de sus principales monumentos es, sin duda, el Convento de Ntra. Sra. de la Merced. Recientemente se presentó, totalmente restaurado, el antiguo claustro conventual entorno al cual giran las dependencias del ayuntamiento, renovado y remozado. Junto a él se levanta, airosa y majestuosa, la iglesia mercedaria albergando en su camarín la venerada y querida imagen de la Virgen, llamada aquí en su plural “de las Mercedes”. El convento y su iglesia, unido al elevado puente de la Merced, a la casa solariega de los Enríquez, antiguo noviciado mercedario y actual casa de Herencia; a la casa conventual de los religiosos mercedarios, a la recientemente inaugurada Casa-Museo de la Merced, y a otras dependencias municipales como la Biblioteca Municipal, la Casa de la Cultura etc. hacen que nos encontremos en una singular manzana, un complejo donde el pasado y el presente, la cultura y el arte, caminan parejos, hallándonos ante un conjunto monumental de primer orden que no tiene parangón en otras zonas del pueblo, la verdadera milla de oro de la historia y la cultura herenciana.

La Orden de la Merced tomó asiento en Herencia a través de los mercedarios descalzos, que llegaron de la mano de Don Juan-José de Austria, hijo natural del rey Felipe IV y Gran Prior en Castilla y León de la Orden de San Juan. La escritura de fundación lleva fecha de 13 de noviembre de 1656. Los descalzos habitan el convento de Herencia hasta su marcha con la desamortización de Mendizábal en el siglo XIX, tras un intento de vuelta y permanencia no logrado, años 1892-1896, son los mercedarios calzados los que se establecen y aquí permanecen desde 1899.

El comendador Fray Juan de la Natividad inicia la construcción del bello templo conventual mercedario en 1712, la hechura de la iglesia, de factura barroca, se prolonga bastante, en el exterior del crucero existe la siguiente inscripción: “Maestro Juan Arenas 1734”, siendo éste el que lleva acabo las obras. Sigue la tipología jesuítica, destacando su fachada, cercana morfológica y conceptualmente a la San Juan Bautista de Toledo. El ladrillo alterna con la piedra en un par de torres de planta cuadrada que flanquean la entrada principal. La cúpula es octogonal, se alza al viento y posee tambor con ventanas, alternando las ciegas con las abiertas; un cuerpo principal con escamas de cinc, rematado en cupulino y chapitel cubierto también de cinc; las pechinas exhiben en óvalos barrocos cuatros personajes mercedarios no identificados y faltos de restauración. En cuanto elemento espacial y referencial, la cúpula, simboliza, alude, claramente al mundo celeste. Fue restaurada en 1907. El interior de la iglesia posee tres naves, con bóveda de cañón en la central y de arista en las laterales. En 1788 Fray Manuel de San Antonio, describe por escrito el convento, gracias a él sabemos de la existencia de dos capillas principales a los lados. La primera dedicada al Santo Cristo del Consuelo y en la que, indica, están enterradas “personas de las más nobles y esclarecidas de este pueblo”. Y la segunda llamada de San José, “muy adornada y acompañada de varias reliquias con sus auténticas y en relicarios muy adornados y dorados y también otras pinturas exquisitas con cuadros dorados”. Poseía está capilla junto al altar mayor, dedicado a su titular San José, otros cuatro altares con las imágenes de la Virgen Dolorosa, de la Beata Mariana de Jesús, mercedaria descalza; de Jesús Nazareno, y de Santa María de Cervellón, llamada del Socorro, fundadora de las mercedarias.

Una foto anterior a la guerra civil de 1936 nos permite ver la singular capilla del Cristo del Consuelo, con su retablo barroco, decorado con un par de columnas salomónicas, y tres escudos heráldicos, correspondientes a los apellidos de los patronos de la capilla, que allí eran sepultados. Al fondo, una trampilla daba acceso a una pequeña cripta, lugar de los enterramientos, una lápida consigna lo siguiente “Aquí yacen los restos mortales de la familia Enríquez Antolinez de Castro”, los Enríquez de la Orden eran nobles de Castilla descendientes de los Trastámara. En la parte central, en un templete, aparece la efigie del Cristo del Consuelo, representado como un busto de un Ecce Homo. La capilla desaparece con la guerra, restaurada en 1948 se coloca un bello retablo obra de don José Rodríguez y Puente, de Santiago de Compostela, las 41.000 pesetas que costó fueron aportadas por don Gabriel Enríquez de la Orden y doña Carmen Antolinez de Castro. La imagen del Cristo, ahora de cuerpo entero, fue adquirida en los Talleres viuda de Reixach de Barcelona y pagada por doña Aurelia Parra.

En los años 60 del pasado siglo XX, se hizo una profunda reforma: el retablo se desmantela, abriendo en su lugar un arco que permite ver el crucero, y se coloca en medio de la que fue la primitiva capilla de San José, creándose así una nueva capilla independiente provista de reja. En este tiempo se agranda enormemente la cripta de enterramientos, colocándose en ella un busto del Cristo del Consuelo, adquirido en los mismos talleres de Barcelona. La primitiva capilla, queda con dos retablos laterales, en uno, una imagen de un Cristo crucificado y en otro un monumento funerario dedicado a don Gabriel Enríquez de la Orden, esculpido en mármol blanco, es obra del escultor J. Gutiérrez. Don Gabriel aparece arrodillado en actitud orante, su figura respira clasicismo y no está exento de cierta rigidez formal.

La representación del Cristo del Consuelo es la de un Ecce Homo o Cristo presentado al pueblo, este episodio de la pasión del Señor lo sitúa el evangelista Juan, después de la coronación de espinas Cfr. Jn. 19, 4ss. Pilato presenta a Jesús ante la multitud que se había reunido ante el pretorio, diciendo “Ahí tenéis al hombre.” (Ecce Homo.) Al verle, los sacerdotes y sus servidores gritaron: “¡Crucifícale, crucifícale! (Tolle, crucifigie.) La multitud rechaza, humilla y grita pidiendo su muerte. Este tema se difundió ya en el arte del siglo XV, al final de la Edad Media. Normalmente Jesús es exhibido sobre un estrado o en lo alto de una escalera exterior, coronado de espinas, el manto de color púrpura y el cetro de caña con las manos atadas; patética imagen llena de contrasentido, la de Jesús vestido de rey en forma lastimosa y humillada, presentado como un hombre, siendo el Hijo de Dios; como un embustero, siendo la Verdad. Es el Varón de dolores, el Cristo mercedario, el Cristo de la Merced redentora, que ofrece visita y consuelo a todos aquellos que padecen cautividad y sufren la opresión del peso del mal.

La comunidad mercedaria quiere restaurar el culto y devoción que el Cristo del Consuelo tuvo en tiempos pasados, hay una cofradía de semana santa que ya se ha interesado en su posible salida procesional, y hay quien está escribiendo la leyenda que posee nuestra imagen. La fiesta litúrgica del Cristo ha quedado fijada el domingo de pasión, domingo anterior al de Ramos, que en el 2004 cae el 28 de marzo, se tendrá también un triduo previo de preparación los días 26, 27 y 28 del citado mes. En él pediremos, al Padre de la misericordia, que nos conceda el Espíritu del Cristo del Consuelo, para que podamos socorrer y consolar con activa caridad a todos los oprimidos de nuestro mundo y podamos guiarles a la libertad plena que nos mereció el mismo Cristo, con su entrega generosa en su pasión salvadora. Que así sea.

Padre Mario ALONSO AGUADO, O. de M.
Real Academia de Bellas Artes
y Ciencias Históricas de TOLEDO.

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