En la tarde el 5 de junio, cuando ya había dejado de llover sobre Madrid y el tiempo, así como la temperatura, eran primaverales, tuvo lugar la inauguración de una exposición de acuarelas del padre Julián Martín, O.M., en uno de los salones de la Basílica Hispanoamericana de la Merced, en Madrid, un salón que ya en ocasiones anteriores había acogido la obra del Padre Julián.
A los que ya conocen la trayectoria artística de Julián Martín Casado, sería pretencioso decirles quién es este soberbio acuarelista. A los que no conozcan su obra, y dado que la exposición a la que me refiero estará clausurada cuando esta reseña aparezca impresa, les recomiendo que se den una vuelta por la localidad de Herencia (Ciudad Real) y visiten el Museo de la Casa de la Merced, donde podrán hacerse una idea de la categoría pictórica de Martín Casado, dentro de esa difícil especialidad que es la acuarela.

La muestra de acuarelas que se inauguró el 5 de junio en Madrid, en la Basílica de la Merced, contó con la presencia de María del Carmen Garrido, directora de documentación del Museo Nacional de Prado, que habló de la trayectoria artística de Julián Martín y de su técnica acuarelística, que es tanto figurativa como abstracta y hasta impresionista, dado que al artista juega magníficamente con el color y el no color, o sea, el blanco de la cartulina, de modo que, en muchas ocasiones, no es el trazo lo que destaca, sino lo que no ha sido trazado, pero que se ha pretendido resaltar. Eso es algo que sólo los grandes artista son capaces de hacer: que el observador vea lo que no ha sido pintado ni dibujado.
A la media hora de inaugurada la exposición, varios cuadros tenían ya el círculo rojo indicativo de que habían sido adquiridos, lo cual fue un magnífico augurio porque el importe de la venta estaba destinado a la Casa de Refugiados que dirige el padre Pablo Pérez, O.M, y que en su tiempo dirigió el propio Julián Martín.

De aquella época, Julián Martín guarda un recuerdo imborrable y un cariño inmarcesible por la Casa de Refugiados, de modo que ha trabajado silenciosamente durante los últimos meses para exponer ahora una colección de acuarelas que impresionó a los visitantes, entre los que se encontraban Justo Linaje, Provincial de la Orden de La Merced, diversos mercedarios, hermanos en el sacerdocio de Julián Martín, y un gran número de feligreses de la parroquia de la Merced, que conocen la obra del padre Julián y que, si bien no están en condiciones de adquirir un cuadro, no renuncian a contemplarlos, al mismo tiempo que arroparon al artista en un momento que para él fue muy emocionante, pues el Padre Julián no vive de la pintura.

De nadie se puede decir, como se dice de él, que trabaja por amor al arte y por amor y en provecho de los menos favorecidos, como son los acogidos en la Casa del Refugiado.

Fuente: Antonio Uroz.