El pasado 23 de enero se celebró en Herencia el Love Sound Festival. Lo mejor de todo fue, sin duda alguna, la gente que acudió en masa al evento. Abarrotó el antiguo cine local en la esperanza de disfrutar de algo realmente bueno y novedoso en nuestro pueblo. Se llenó el espacio y el orgullo de quienes organizaron, con toda esperanza, esta iniciativa plausible. No cabe sino felicitar a quienes han rescatado y reciclado una sala que abre multitud de posibilidades para futuros conciertos, festivales y demás actividades musicales y culturales en nuestro pueblo siempre y cuando se cuiden algunos detalles olvidados como el agua corriente en los baños que, casualidad o no, estuvo cortada durante toda la noche.

Para los que fueron buscando algo novedoso encontraron su satisfacción: verse medio-bailando en un sitio donde antaño las gentes lloraban mientras Leonardo Di Carpio se hundía en las profundidades atlánticas junto al Titanic no tiene precio. Para los que no querían música housera y sin embargo fueron, por ver la novedad, también acertaron: la noche fue de puro pachangueo aliñado con unas pésimas bases electrónicas. Es decir: música facilona, muy conocida, de la que suena en las radios comerciales. Una especie de Carlos Baute, Paulina Rubio o Camela disfrazada de electrónica. No haría falta señalar qué encontraron aquellos que esperaban algo de música house: un desastre total. Tampoco hay que pedir peras al olmo. El cartel era el que era y estaba claro que la oferta musical del dj residente del CocoLoco (Gandía), Pascal Renolt, traería una de cal y otra de arena (más arena que cal, quizás por aquello de venir de un lugar de playa). Total, dos y dos son cuatro. Aunque la esperanza quedaba de la mano del tan anunciado dj Luis López (Last Fm y 40 Principales) del quien dj Martín adelantaba que sería “la mejor sesión de nuestras vidas”. Reprimí mi impulso de salir corriendo y esperé así la última oportunidad musical de la noche. La decepción fue total desde los primeros temas. Más de lo mismo. Era evidente que la noche estaría, irremediablemente, dedicada a los que algunos llaman música dance y otros, esperpento pachanguero-electrónico.

No obstante, el sabor de boca no quedó tan amargo. Uno se queda con lo positivo de haber vivido algo nuevo en nuestro pueblo y de esperar que esta iniciativa abra las puertas a otras venideras, y mejor organizadas, aprovechando un espacio que se antoja muy pero que muy óptimo para conciertos de cualquier pelaje. Eso sí: también queda la duda de por qué fue tan criticado aquel Space of Sound Festival que acampó en nuestra feria de hace pocos años y en el que pinchó Ismael Rivas y Juanjo Martín, de una calidad descaradamente mayor a la del sábado. Ojalá se vuelva a intentar montar un auténtico festival house aprovechando las posibilidades tan fabulosas que ofrece el antiguo cine ya que el reclamo y el éxito estarían asegurados dada la cantidad de gente local y forastera que acudió el sábado. Y por qué no: que se continúen promoviendo conciertos rockeros, poperos o de cualquier género musical en esta sala de conciertos tan sui generis y abandonada hasta el sábado pasado que gracias al Love Sonud Festival fue rescatada.

por Ismael Gómez-Calcerrada