Elisa Laderas

La Solana (Ciudad Real), 21 ene (EFE).- A punto de cumplir 63 años y con toda una vida dedicada al pastoreo, Miguel Lara ha explicado que aún no puede dormir de noche y se despierta sobresaltado cuando recuerda el asalto a la explotación ganadera de Cinco Casas (Ciudad Real) en la que murió su compañero Pedro natural de Herencia.

Miguel Lara ha relatado a Efe la trágica experiencia que sufrió hace poco más de mes y medio, el asalto en el falleció su compañero desde hacía 30 años, Pedro Fernández Hijicos, y donde él resultó herido.

Unos encapuchados asaltaron la finca Valdivieso, situada a unos seis kilómetros de la pedanía alcazareña de Cinco Casas, donde Miguel Lara trabaja desde hace 33 años.

A día de hoy, Lara todavía tiene problemas para conciliar el sueño por la noche: “no puedo olvidar lo que ocurrió y me despierto sobresaltado, duermo mejor por el día porque parece que estoy más tranquilo”.

El miedo se aprecia en sus ojos, húmedos y brillantes, mientras explica que de las lesiones físicas -tres costillas rotas y golpes- está prácticamente recuperado, pero las psíquicas tardarán más tiempo en desaparecer.

“Eran las 11 ó las 11,30 de la noche y oí un golpetazo en la puerta de la cocina de la casa en la que dormíamos mi compañero y yo, y pensé que Pedro había ido a beber agua o cualquier otra cosa. Como lo llamé en varias ocasiones y no me contestó, encendí la luz de mi cuarto y, al querer levantarme de la cama para ir a ver qué había pasado, me taparon la boca y me dieron un golpe en la frente con una piedra”, cuenta.

Visiblemente emocionado, el pastor solanero explica que con la cara ensangrentada le ataron las manos con un cinturón suyo y le taparon la cabeza con el pijama que aquella noche no se había llegado a poner, cuyo pantalón utilizaron para amordazarle y anudárselo al cuello.

“No me pude levantar de la cama y aguanté palo va palo viene con una barra de hierro”, asegura Lara al que no le dio tiempo a reaccionar y que sólo recuerda que vio pasar a cuatro personas encapuchadas.

“No sé cuánto tiempo estuvieron pegándome porque se bebieron todas las cervezas que había en el frigorífico y, cuando terminaron, me vertieron una de ellas por encima y pensé que era gasolina”, explica mientras respira hondamente.

La dureza de su relato continúa. Logró desatarse las manos porque dejó un poco separadas las muñecas y fue a buscar a su compañero Pedro, de 57 años y vecino de Herencia, al que encontró muerto en el sofá que había en la cocina.

Continúa con el testimonio de Miguel Lara en: www.abc.es

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