Con la declaración de la Guerra de la Independencia, en mayo de 1808, los ejércitos franceses asentados en la península reclamaban suministros a todas las localidades de la geografía nacional. Herencia estaba obligada continuamente a mandar ayudas a Villarta, donde se encontraba asentado el ejército de Napoleón. Según la memoria escrita por el fraile Ramón Celedonio de Herencia en Agosto de 1808, los herencianos apenas contribuían a esas ayudas, pero la situación se agravó considerablemente cuando los franceses, en el mes de junio, requirieron a la localidad, para la Tercera División de su ejército, un total de ochenta carruajes. La negativa de la población herenciana fue absoluta y los franceses aseguraron que irían a por los carros, que desoirían al pueblo y que le pegarían fuego. A raíz de este hecho los acontecimientos violentos se precipitaron y toda la población herenciana se armó para repeler el posible ataque de los extranjeros.

Ante el devenir de los acontecimientos se crea una Junta Local, compuesta por representantes del pueblo y bajo la vigilancia del párroco (Don Manuel González Salcedo) y de los eclesiásticos regulares, para tomar las decisiones oportunas ante el cariz que tomaban los acontecimientos y para vigilar a los que sintiesen , en mayor o menor medida, simpatías hacia los franceses (afrancesados).

Las intimidaciones se sucedían constantemente hasta que llegó el verano de 1808. Esos días una parte del ejército francés se encontraba en Puerto Lápice y, una vez llegada la noticia a Herencia, sus habitantes se empeñan en salir al Camino Real para hacerles la guerra “a cara descubierta”. Ante la frágil oposición de la Junta Local, no se pudo impedir que saliesen continuamente patrullas de herencianos que asaltaban, por sorpresa, a los franceses con el deseo de producir bajas en sus filas y sustraerles todo tipo de pertrechos bélicos.

En las cercanías de Herencia, no hubo ningún hecho bélico trascendental para toda la nación, aunque sí hubo alguna que otra refriega que pone de manifiesto la animadversión existente ante el invasor. Así, y manteniendo la información ofrecida por Ramón Celedonio, cabe destacar el “ataque dado, y victoria conseguida por la partida de Herencia de las tropas francesas que regresaban de la Andalucía el 22 de julio en la Vólliga”.

Los acontecimientos se sucedieron de la siguiente manera:

“… el día 22 de julio a las 10 de la mañana, se presenta en la invencible villa de Herencia un hombre con la noticia de que en Villarta hay una partida de enemigos que regresaban desde Andújar para Madrid; que su salida sería a las cuatro de la tarde…. Apenas se oye esta noticia cuando el pueblo todo se pone en movimiento. El entusiasmo patriótico se hace general, el celo por la defensa de la patria, de su Rey y de su Religión, se deja ver en todos, y sin informarse de las fuerzas del enemigo se disponen para salirle al encuentro. No es decible el heroísmo con que se portó cada uno”.

Al final de los preparativos bélicos, el pueblo de herencia tiene preparado a las doce de la mañana ochenta y cuatro hombres de caballería e infantería, acompañados de otros ocho hombres de Alcázar y cuatro de Villarta. Dirige esta tropa Don Antonio Foxá.

Se dirigieron a la Vólliga, pero parece ser que un traidor había advertido a los franceses y éstos adelantaron la marcha para no ser atacados.

La desilusión de las fuerzas herencianas se hizo patente, pero los acontecimiento dieron un giro radical cuando al poco tiempo divisaron una partida de cuarenta franceses, que escoltaban un correo del rey francés José I. El choque fue inevitable.

El fuego cruzado duró más de una hora hasta que se produjo la rendición de los franceses. Sin embargo, parece ser que “estando los franceses bajo de palabra de honor, y al tiempo mismo de entregar las armas, hicieron una descarga”. Las consecuencias fueron dramáticas, todos los prisioneros franceses fueron muertos pasados a cuchillo, y como botín de guerra se requisaron los cincuenta pliegos que conducía el correo.

En la jornada siguiente, es en Villarta de San Juan donde se van a producir una sucesión de hechos de mayor o menor trascendencia militar. Al principio todo se convierte en unas declaraciones de intenciones bélicas. Así, según los franceses hoy una descubierta sobre Villarta ha sido atacada por 36 hombres bien armados y seis de caballería…..; estaba reforzada –la descubierta- por 60 coraceros conduciendo enfermos y el coche del general Gubert. Nosotros no hemos tenido ninguna pérdida. Se han disparado algunos tiros en todo el camino de Madridejos y Santa Elena. Los paisanos han vuelto a tomar mucha audacia e insolencia y no se puede pasar si no es con fuertes escoltas”. Al día siguiente precisaba el comandante que quienes realizaron el ataque eran contrabandistas de Herencia y Camuñas.

Al día siguiente, la situación se complica, llegan noticias a los pueblos de la comarca “de que en Villarta hay tropa francesa que amenaza a este infeliz pueblo, y que es probable que lo incendien y saqueen”. De nuevo una partida herenciana compuesta por dieciocho hombres de caballería y treinta y tres de infantería se unen a catorce de Villarrubia y cuatro de Alcázar para socorrer a la vecina localidad.

Consiguen levantar el asedio que sufría Villarta y según las fuentes españolas se habla de ciento ochenta bajas francesas.
Tras el suceso de Villarta, un nuevo aviso informa de la presencia de otros setenta soldados franceses que se encontraban en el camino de Manzanares. De nuevo, otra escaramuza provoca el fin de los extranjeros, “los que no mueren en la acción, son conducidos a la vega y pasados a cuchillo”.

El resultado de las acciones de estos días tres o cuatro días son: la muerte de doscientos noventa y un soldados franceses; el requisamiento de un correo de cincuenta pliegos; la detención de un General, un Coronel y un Capitán y otros oficiales cuya graduación se confundía entre su misma sangre; se les ha cogido cuatro carros cargados de pertrechos bélicos, una tartana, cuatro caballos, …… De las bajas herencianas, sólo se hace cuenta de un hombre.

Para que veamos la importancia que los lugareños daban a estas campañas marciales, veamos como describe el Fraile Celedonio a uno de los héroes de estas jornadas: “… pero no podemos pasar en silencio el heroísmo de un venerable anciano, que ha ceñido sus canas con una inmortal corona, que ha sacrificado los últimos periodos de su vida en defensa de su patria, de su Rey y de su Religión. Este anciano, no obstante de ir en la partida dos de sus hijos y un nieto, se incorpora con al infantería y hace prodigios de valor. Trepa por los olivares, corre por el camino Real, desmintiendo la pesadez propia de un hombre de ochenta y siete años: más ágil que las águilas imperiales, vuela a todas partes, renovándose su juventud….”

El citado fraile Ramón Celedonio cuantifica, para todo ese verano, en su memoria escrita, las bajas francesas a manos de los herencianos en más de seiscientos hombres.

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