José Ramón Alonso: “Un mejor futuro”

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Las grandes personas se descubren en los pequeños gestos y sin lugar a dudas, en esta categoría se encuentra, José Ramón Alonso, doctor en Biología y catedrático de Biología Celular en la Universidad de Salamanca, de la que ha sido rector. Es autor de 27 libros, 32 capítulos de libro y más de 150 artículos científicos en las principales revistas internacionales de su especialidad, la neurociencia.

Jos%C3%A9 Ram%C3%B3n Alonso - José Ramón Alonso: "Un mejor futuro"Herencia tuvo la suerte de disfrutar de su presencia como ponente en las XXII Jornadas de Educación y Sociedad del I.E.S. Hermógenes Rodríguez y, desde entonces, algo lo unió a esta localidad manchega, por eso, cuando Manuel José Díaz-Pacheco volvió a llamarle para que participara con el proyecto de comunidad de Ánthropos, no dudó en hacerlo. Y lo ha hecho de la mejor forma que sabe comunicando los valores y la importancia de la ciencia, la investigación y la educación.

Así, en estos momentos confusos, nos ha regalado un texto cargado de sabiduría, mensajes y reflexiones para poder iniciar un nuevo espacio de encuentro alrededor de la ciencia y la palabra en el cual la comunidad de Herencia pueda encontrarse para compartir ideas y pensamientos en busca de un mejor futuro.

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José Ramón Alonso en Herencia

Aquí el texto de José Ramón Alonso:

Un mejor futuro

Hace cien años, el final de la I Guerra Mundial, la llamada Gran Guerra, estuvo empañado por una pandemia terrible, la gripe española. Infectó a unos 500 millones de personas, un cuarto de la población mundial en aquel momento. Duró tres años, de enero de 1918 a diciembre de 1920. Los historiadores no se ponen de acuerdo cuántas personas murieron, pero las cifras van de 17 millones a 100 millones de personas.

Ahora estamos viviendo una nueva pandemia, la Covid-19, se inició en torno a enero de 2020, no sabemos cuándo terminará, no sabemos cuál será el terrible balance final y no sabremos cómo saldrán, saldremos confío, los supervivientes de esta enfermedad global.

Algunas cosas parecen evidentes: seremos menos. No sabemos todavía la cifra exacta, pero cientos de miles de personas, quizá millones, morirán en esta pandemia. La mayoría personas mayores. Personas que en nuestro país tuvieron una vida difícil, que construyeron con su esfuerzo el bienestar en el que ahora vivimos, que se han dejado la vida, literalmente, por sus hijos y sus nietos, han perdido lo más importante que tenían, el derecho a unos años de felicidad, de descanso, de bienestar. No merecían esto.

También seremos más pobres. La deuda externa, que en España supera los dos billones de euros, estará disparada por el esfuerzo que implica aguantar este tsunami y reconstruir el país. Tendremos que cuidar cada euro, apoyar a los más débiles y no podremos consentir la mínima pérdida por corrupción porque si antes era repugnante, ahora será imperdonable. Los equilibrios geopolíticos se alterarán y parece que el eje del Atlántico se trasladará aún más al Pacífico. Hemos visto la fuerza de Asia: por un lado varios países como Corea del Sur, Singapur y la propia China han demostrado su eficacia, atajando con rapidez el progreso de la infección. Por otro lado la vieja Europa, con sus gobiernos frágiles, sus tradiciones y valores como el respeto de los derechos individuales y quizá cierta hybris, ese orgullo irracional que nos hacía pensar que estas enfermedades eran cosas del Tercer Mundo y a nosotros no nos iban a pasar, nos ha dejado k.o. Ojo, la solución no es la pérdida de las libertades sino reforzar aquello en lo que somos buenos: la democracia, el contrato social, la educación, los valores.

También hemos visto los efectos de la deslocalización, la producción industrial de Europa se hace mayoritariamente por empresas asiáticas; cuando hemos necesitado respiradores o mascarillas no las podíamos conseguir, dependíamos de otros y todos han mirado hacia dentro, a sus propias necesidades. Han caído también las redes de cooperación y hemos visto de nuevo el egoísmo de los estados y la indigencia moral de los nacionalismos. ¿Dónde está nuestra industria? Hemos apostado casi todo a una única carta, el turismo y lo imposible ha sucedido: el turismo mundial se ha detenido. Después de recibir más de 80 millones de turistas el año pasado, no sabremos cuando ni cuánto podremos recuperar en los próximos meses y años. Necesitamos apostar por la investigación, por una sociedad del conocimiento que apueste por el valor añadido, por la calidad, por un futuro para nuestros hijos donde no estén limitados en sus sueños ni en sus posibilidades.

Quiero hablar de ciencia, pero antes recapitulemos. Como en el juego de balón prisionero llevábamos tiempo esquivando los tiros: el SARS, el MERS, la gripe aviar y la gripe porcina nos rozaron, pero no nos dieron de lleno. Era cuestión de tiempo que alguno de estos virus superara nuestras defensas. Nuestro arsenal contra los virus es limitado. Los medicamentos antivirales son escasos y son específicos, es decir, no actúan contra todos los virus. Sí, hemos descubierto una herramienta que ha sido enormemente eficaz para algunos virus: las vacunas. Hoy en día, la viruela está erradicada. La polio, que hace veinte años estaba en 150 países, hoy solo subsiste en dos. Las vacunas son, en mi opinión, el mejor invento de la historia de la humanidad. Y al mismo tiempo, la ignorancia, los bulos, está dañando esos avances. En los últimos años Europa ha vivido la mayor epidemia de sarampión de las últimas décadas por una razón muy sencilla: algunos padres han decidido no vacunar a sus hijos. Es difícil dar una explicación, pero hay muchas cosas detrás: ignorancia, desconfianza de las autoridades, egoísmo.

La imagen de la ciencia es engañosa. Es cierto que nos da continuamente buenas noticias, que no para de avanzar, pero hay una cosa que se nos olvida: es fastidiosamente lenta. Siempre ha sido así: Fleming observó asombrado el efecto de la penicilina el 28 de septiembre de 1928 pero el primer paciente fue tratado en 1941, trece años después. Murió, por cierto, porque la producción mundial de penicilina no alcanzaba para tratar a una persona, a una. Esa es una segunda lección importante. Necesitamos, algo que España apenas hace, el salto de la investigación a la producción industrial, de la idea brillante al medicamento útil. Y si no apostamos por la investigación seremos dependientes, no seremos dueños de nuestro futuro.

Tercer mensaje importante. La prevención funciona, pero necesitamos una población bien formada. Necesitamos favorecer la educación en salud, en autoprotección, en ciencia, en responsabilidad personal, en solidaridad.

La pandemia causada por el coronavirus ha puesto nuestro mundo patas arriba, ha generado miles de muertos, ha destruido nuestra economía y ha cambiado las dinámicas personales y sociales. Saquemos algo bueno del naufragio: ¡aprendamos! Una cosa es segura: habrá nuevas pandemias, antes o después y nada indica que será más fácil que en esta ocasión. Aprendamos de nuestros errores y también de nuestros aciertos. La sanidad pública que ha sido y es excelente era más frágil de lo que creíamos. Tendremos que reforzarla y eso no solo implica más inversión, significa equidad, reorganización y cuidar lo que es de todos, porque es nuestro. ¡Investiguemos! No puede ser que, como decía Cajal, al carro de la cultura de España le falte la rueda de la Ciencia. En la crisis del 2008-2018, los países de nuestro entorno reforzaron la inversión en ciencia, nosotros la dejamos derrumbarse. Por último, ¡seamos mejores! Seamos más solidarios, más responsables, más educados, más respetuosos, más hospitalarios, más inclusivos. Hay tantas cosas que podemos hacer mejor.

¿Y cómo afrontar este futuro? Necesitamos educar ciudadanos, ciudadanos solidarios, ciudadanos honestos, ciudadanos buenos. Cuando mis amigos de Herencia me hablaban de las iniciativas solidarias que estaban llevando a cabo pensaba en ese camino en el que vosotros, los herencianos, habéis decidido echaros a andar. ¿Queréis ver cómo será nuestro país dentro de veinte años? Pues ese país del futuro está en las aulas, en el IES Hermógenes Rodríguez. Construyamos ahora, con esos chicos y chicas, ese país en el que todos queremos vivir.

 

 

 

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