En una jornada marcada por la celebración del talento artístico, la delegada de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha en Ciudad Real, Blanca Fernández, elogió la extraordinaria labor realizada por los conservatorios profesionales de Música ‘Pablo Sorozábal’ y Danza ‘José Granero’ de Puertollano. En un acto celebrado en el Teatro Municipal Quijano de la capital ciudadrealeña, Fernández reconoció el esfuerzo y dedicación de estos centros educativos, que transforman la formación en aulas en auténtico arte sobre los escenarios.
El evento, denominado ‘Cuerpos Sonoros IV’, reunió a un centenar de alumnos de ambos conservatorios, quienes exhibieron su talento ante un público diverso que incluía a los delegados provinciales de Educación, Cultura y Deportes, los alcaldes de Ciudad Real y Puertollano, y otras personalidades del ámbito educativo y cultural. Destacando más allá de lo académico, la delegada subrayó la relevancia de este tipo de actuaciones, que acercan el arte de la música y la danza a la ciudadanía y celebran la calidad excepcional del profesorado y equipos directivos involucrados.
Fernández enfatizó el valor del espectáculo al contribuir al enriquecimiento personal de los alumnos y al fortalecimiento del tejido social, afirmando que apostar por la cultura es también fomentar un espíritu crítico y libre. En sus palabras, «la música y la danza son vehículos para conocer nuestra historia y filosofía, y nos conectan con la riqueza cultural de nuestro país», unificándonos y haciéndonos sentir orgullosos de nuestras tradiciones.
Asimismo, Fernández reafirmó el compromiso del gobierno regional en el apoyo y promoción de la cultura, destacando que este modelo educativo es decididamente democrático al ofrecer oportunidades a estudiantes de todas las clases sociales. “Vamos a seguir apostando por este modelo, que acerca esta posibilidad de estudios a chavales de todas las clases sociales y condiciones, algo que nos hace sentirnos tremendamente orgullosos”, concluyó.
En definitiva, el acto fue un recordatorio del poder transformador del arte y la cultura, y de cómo estas disciplinas no solo enriquecen a quienes las practican, sino que también fortalecen el tejido social mediante la promoción de valores democráticos y el orgullo compartido por el patrimonio cultural.















