Detalle. Belén de Mª Josefa Fdez de la PueblaDiciembre es un mes especial y significativo para todos nosotros. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, hemos ido viendo como se producía un cambio lento pero paulatino tanto en nuestro entorno cotidiano, como en nosotros mismos. La Navidad ha ido asomando por los rincones de nuestro espíritu y nuestra población. Prácticamente todos nos llenamos de buenos deseos y felicitaciones, mientras que nuestras calles y hogares comienzan a saludar esta fiesta con cientos de colores y luces, al mismo tiempo que los diferentes establecimientos y los edificios de las instituciones públicas se engalanan con espumillones y adornos de diferentes motivos navideños.
Destaca entre toda esta proliferación decorativa un elemento entre todos los demás, que podríamos definir como íntimo y familiar por su gran tradición cultural, y por lo emblemático e identificador, de su esencia. Me estoy refiriendo a la representación tridimensional de los lugares y escenas del nacimiento de Jesucristo, o dicho de otra forma, a los populares belenes, también denominados pesebres o nacimientos, que como verdaderas ciudades en miniatura nos acompañan durante estos días convirtiendo la navidad en arte.


El belén, a pesar de la aparición y difusión de otros motivos, como el árbol de navidad, sigue siendo una pieza indispensable en nuestras casas durante estos días. Su colocación no se puede considerar en muchos casos un simple adorno navideño más, sino que llega a convertirse en todo un “rito” de tipo cultural o tradicional a través del cual la familia al completo se reúne bien durante una mañana, una tarde o una noche, para colocar y representar cada una de las escenas que conforman este tipo de representación, sin olvidarnos además, que los belenes son pequeños oratorios festivos en torno a los cuales se reúnen la familia y los amigos con pandereta o zambomba en las manos, para cantar villancicos o simplemente para contemplarlo y disfrutarlo.
En el caso de Herencia son sorprendentes algunas de estas representaciones. Unas, por su grandiosidad y detallismo, otras, por su espontaneidad y simpatía, y todas, por su originalidad y belleza. Se encuentra en la memoria de todos los habitantes de esta localidad el grandioso belén que los Padres Mercedarios Calzados colocaban en su iglesia conventual a lo largo de toda la capilla del Cristo del Consuelo, allá por la década de los 50 del pasado siglo, con figuras de importantes dimensiones procedentes de los talleres gerundenses de Olot, que en muchas ocasiones llamaban sobre manera la atención por representar escenas en movimiento. De estas figuras, sólo se conserva el nacimiento, eje central de la composición belenística que podemos admirar en la actualidad y que este año ha corrido a cargo de los novicios mercedarios.
El popularmente conocido como belén de La Labradora, el más famoso de todos los belenes actuales de Herencia, Detalle. Belén de Juan Sánchez-Aguilerano es otro que el belén de Jesús López-Escribano Rodríguez, “Chamusca”, y podemos considerarlo de alguna forma como heredero del belén conventual tanto por sus dimensiones, como por la abundancia de escenas con movimiento, pero sobre todo, por la influencia que el mismo tuvo en su autor. Tal es la fama de este belén en la población que las puertas de la ermita están abiertas durante todas las tardes de Navidad para que todo aquel que guste pueda disfrutar de él.
Otros belenes más pequeños que los anteriormente señalados también son muy conocidos en la localidad, y han sido galardonados con premios en diferentes concursos. Me estoy refiriendo por ejemplo al belén particular de María Josefa Fernández de la Puebla realizado con mucho tesón y esmero a partir de figuras de escayola que ella mismo ha ido pintando con cuidada policromía en el transcurrir de los años hasta conformar en gran conjunto belenísitico que hoy tiene, cualidades que también podemos apreciar en el belén de María Gema Gallego de la Sacristana. Por su parte, Juan Sánchez-Aguilera es otro joven herenciano que practica este arte del belén creando la mayor parte de las escenografías y figuras con los más dispares materiales y elementos, todo ello con la intención de sorprender y cautivar a través de los sentidos a todos aquellos que admiren su obra, que este año no sólo se puede ver en su belén particular, sino también en el que ha dispuesto en la ermita de San José. Estos no obstante, son sólo unos muy breves ejemplos de las muchas personas que año a año convierten la navidad en arte, uniendo el respeto por la escritura bíblica con el localismo al representar costumbres, oficios, juegos, tradiciones y un largo etcéteras de elementos típicos de nuestra tierra.
La ingenuidad y la belleza, lo popular y lo bíblico todo unido para crear un arte navideño que debemos valorar, proteger, y fomentar.

Artículo publicado en el Semanario Canfali, 22-12-2006