Madre Mercedaria Sor MariaMaría Asunción Paredes celebra hoy sus bodas de diamante como religiosa mercedaria, siendo en Herencia (Ciudad Real) la madre fundadora al preparar la casa también para un colegio, otra obra en la que siendo superiora se empleó a fondo y de la que aún se siente complacida al saber que sigue funcionando como un centro educativo de referencia.

Desde que era una niña le atrajo la vida de una religiosa del Espíritu Santo que conoció en los entornos de Villaturde, el pueblo palentino en el que nació el 6 de agosto de 1914. También había oído hablar de las monjas de Santa Clara y sentía esa especial atracción, pero en el camino su padre se encontró con un confesor de las mercedarias que hizo que María Asunción Paredes ya estuviera a sus 15 años en el aspirantado a la carrera a la que se ha entregado toda su vida.

El noviciado coincidió con la primera etapa de la II República. «Nos decían que si estábamos locas, que íbamos para monjas cuando estaban quemando conventos en Asturias», afirma recordando aquel 1931, cuya convulsión política retrasó el ingreso en la congregación, aunque después de año y medio en el asilo-hospital de Zumárraga (Guipúzcoa), en 1933 profesó, o lo que es lo mismo: se casó con el hombre que eligió para su vida. «Siempre he sido muy feliz, nunca he tenido dudas, ni siquiera en el noviciado», explica.

Y en Andalucía comenzó su vida religiosa de entrega y servicio a los demás. Tras una primera estancia en la localidad cordobesa de Luque, pasó a Montilla, otro municipio de la provincia, en una época no menos complicada política y socialmente. Había estallado la Guerra Civil y se encontraban en zona liberada, recibiendo continuamente a los heridos del entorno. Las religiosas mercedarias les practicaban las primeras curas antes de enviarlos al hospital de Córdoba.

Pero, entre afianzados y firmes recuerdos a sus casi 94 años, aún resalta incluso con más cercanía y dureza los años de la posguerra en la ciudad de Córdoba en la Cocina Económica, donde repartían hasta tres mil raciones diarias entre los más pobres y necesitados. «Era el año 39, la gente estaba desorientada, muchos se habían quedado sin casa, otros sin familia, y necesitaban por encima de todo un plato, por lo que nos pasábamos día y noche guisando con la comida que recogía Acción Católica para nosotras», relata. «Primero servíamos la comida a los hombres, luego a las mujeres, y después a los niños», agrega. Después de aquella etapa dura de los primeros años de la posguerra, la Cocina Económica quedó como Comedor de Caridad, donde ya fue nombrada superiora, un cargo que ostentó 30 años.

El siguiente cometido en su labor de entrega hacia los demás -«es ante todo muy servicial y sabe muy bien hacer comunidad», constatan las doce religiosas con las que ahora vive en familia en las mercedarias de la Caridad del Camino Virgen de la Merced de Valladolid- fue el Campo de la Verdad, una barriada de Córdoba en la que se levantaron mil casas, convirtiendo aquel espacio en el Barrio de la Sagrada Familia, donde las mercedarias abrieron un colegio de niñas, con 600 alumnas en 1952, fecha en la que Francisco Franco y su esposa, Carmen Polo, inauguraron aquel complejo, acompañando al impulsor del proyecto, el obispo Fray Algino Menéndez Reigada.

Tras siete años en aquel colegio de niñas, en la vida de sor María -de nacimiento se llamaba María Asunción y de religiosa se bautizó como María Petra, «porque hay que dejarlo todo, hasta el nombre», justifica-, el siguiente punto en la ruta fue Herencia (Ciudad Real). Allí se convirtió en madre fundadora al preparar la casa también para un colegio, otra obra en la que siendo superiora se empleó a fondo y de la que aún se siente complacida al saber -está al tanto de todas las noticias en torno a la congregación- que sigue funcionando como un centro educativo de referencia (Colegio Nuestra Señora de las Mercedes en Google Maps).

Nunca impartió clases -dice humildemente que sólo cosía y remendaba, tarea a la que a sus casi 94 años dedica aún algunas horas diarias-, pero ha coordinado todas las labores necesarias para que las hermanas cuidaran de otras almas y ella se ha implicado dentro y fuera de las casas, asilos, colegios y hospitales. Tanto que a la fiesta que hoy celebren las mercedarias en Valladolid por las bodas de diamante de María Asunción Paredes acudirán, ya mayores, algunos de aquellos niños necesitados a los que asistió en Montilla, un lugar al que regresó tras Ciudad Real y Granada, y en el que en total, sumando el tiempo que estuvo durante la Guerra, pasó 27 años entre lo que primero fue un hospital y luego una residencia de ancianos.

En Montilla también celebró sus bodas de oro como monja, y ya en 1996 llegó al asilo de las mercedarias de Carrión de los Condes, donde estuvo siete años hasta que las religiosas traspasaron la gestión de la residencia. En los últimos cinco años reside en Valladolid, en la casa contigua al colegio de niñas discapacitadas Padre Zegrí -nombre del fundador de la congregación-.

No porque estuviera en Montilla más años, se decanta por uno u otro destino, se ha mostrado siempre satisfecha. «No he encontrado nunca dificultades porque Dios me ha facilitado siempre las cosas, así que estaré siempre endeudada con él», agrega.

Sitio Oficial de las Hermanas Mercedarias de la Caridad.
Fuente: Norte Castilla