Para los que no hayan leído todavía el Número 8 de El Rondadías, aquí os ponemos el editorial de este mes, sobre la libertad de expresión y el respeto a los demás.

“En las últimas semanas hemos asistido a un acalorado debate en el foro de herencia.net respecto a las corridas de toros que se celebraron en nuestro pueblo con motivo de la Feria y Fiestas 2009. De un lado, los que defendían el arte del toreo como parte de la tradición española y del gusto popular por los festejos taurinos; de otro, los que denunciaban la tortura a la que se somete al toro y el acto de barbarie que supone la mal denominada “fiesta nacional”. Entremedias se han colado acusaciones más o menos explícitas, disparates, desbarres y argumentos que más se asemejan a la demagogia que a una refutación racional. Resulta interesante el debate y enriquecedor en tanto en cuanto pone de relieve las diferentes y encontradas sensibilidades que tenemos los herencianos con respecto a ciertos asuntos. La discusión, la escucha, la reflexión, la réplica y la contra-réplica es un valor que ha de potenciarse y que hace madurar a la sociedad. Lo que no tiene cabida, en modo alguno, es el insulto y las descalificaciones personales. Muchos comentarios no se han publicado por esto mismo. Una cosa es la libertad de expresión y otra, muy distinta, es la infamia, la calumnia o las injurias. Quien crea que puede decir cuanto quiera amparado por el paraguas de la libertad cae en craso error puesto que la libertad de expresión no es infinita, sino que viene delimitada por el resto de derechos y libertades. En la propia Constitución Española se protege la libertad de expresión, pero junto a otros derechos fundamentales, entre ellos el del honor, la intimidad y la propia imagen. Cuando se abusa del derecho de la libertad de expresión para atacar otros derechos inalienables de la persona es cuando se cruza el límite permisible. Y cruzado tal límite no cabe tolerancia alguna posible.

Es lógico pensar que somos individuos racionales y como tales cada uno pueda tener unas ideas y concepción de la vida, iguales o distintas a las de los otros. Uno de los valores de la democracia es que todos puedan expresarse públicamente sobre aquellos aspectos, e incluso manifestarse en las calles en contra, o a favor, de sus creencias. Esto es el respeto y la tolerancia. Evitemos las descalificaciones cuando surjan temas controvertidos porque se crea un clima enrarecido que no favorece, en absoluto, el intercambio de opiniones y razonamientos”.