Toros Herencia 2012
Sergio Galán y Léa Vicens salen a hombros de la plaza de toros de Herencia

POR: JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / MEDIAVERONICA.COM
Cuando el sexto de la corrida hincaba los últimos pitones en el albero herenciano, un santo más había nacido para el escalafón ganadero de la Fiesta. Y de la Fiesta del rejoneo. Ya estaba reconocido como tal años antes, pero hoy y ante tres palos distintos del toreo a caballo, ha sacado a relucir todas las virtudes que el “Capea” soñó cuando la locura le llevo a criar toros. ¡Qué clase, qué hondura y qué ligazón!…y las embestidas que enseñaban a torear por sí solas. Y el temple, ¡ay el temple cuántos corazones se llevó! Y lo bueno de la historia es que no sólo el santo hizo creer de nuevo en la fe de los valientes, sino que una de sus discípulas hizo que la Fiesta volviera a creer en su propio valor. De Francia vino, de Sevilla trajo su aroma y de los Peralta su toreo. Y la clase, de Léa Vicens marca. Toreo caro, muy caro, de la gala que enamoró con sus quiebros a una Mancha que se entregó a su toreo.

Comenzó la liturgia religiosa ya en el tercero de la tarde, en el que Vicens clavó genial el de castigo a un toro noblísimo. Muy noble, pero lo fue más su toreo. Plantó bien los pies en su cabalgadura y a disfrutar toreando: un quiebro marca de la casa y a llevar como un títere al burel salamantino. ¿Los palillos? Esos palos al cielo y al suelo, pero en sus sitio y bien clavados. ¿El director? Un santo vestido de negro bragado y teñido en su interior por la gracia de la bravura. El amor que los Peralta infundieron en sus grandes tardes maestrantes y la Niña de Sevilla les prestó un amanecer junto al Guadalquivir lo han ratificado en aires de Galia libre y a caballo.  Oro en sus muñecas y empaque en su figura para clavar pares y pares que encendían una y otra vez los tendidos herencianos. Y volvía para otro quiebro. Y ardía la historia de amor renovada por el caballo y el toro, por el temple y la doma, por la vida y la muerte representadas en una conjunción mágica. Y Vicens en medio, como poeta, como maestra, como directora del proyecto. Y el toro como un títere. Y la plaza puesta en pie disfrutando de la grandeza de la Fiesta. Y el santo que no se iba, que se quedaba con Herencia y con su franco-sevillana. Y el temple, también. Y el rabo.

Ya en su  segundo más de lo mismo: quiebros al viento y buena colocación, entrando siempre con el pecho descubierto y domando la embestida templada del salamantino. Tras una estocada baja, dos orejas excesivas para cerrar una tarde de gloria ganadera y torera. A caballo, que también es ser torero.

Abrió plaza el jerezano Fermín Bohórquez, al que el santo acompañó durante todo el festejo pero al que la fortuna del acero se le olvidó en casa. Toro enrazado el primero del festejo al que llevó largo. Con toreo clásico fraguó su faena a un toro que humilló y siguió bien los engaños del animal. Y haciendo las cosas despacito, salen. Templando y templando; mandando y mandando… y descabellando y descabellando. Oreja al calor manchego. En el cuarto más de lo mismo: cites desde lejos, monta clásica, pares a dos manos, cortas con acierto…y silencio a la espada que el santo ofreció y el veterano no entendió.

Por su parte, el conquense Sergio Galán ofreció un toreo a gran altura y de diferente planteamiento que sus compañeros. Muy en clasicismo con su primero, encendió los tendidos aún fríos con una tanda de rosas de categoría y logró desorejar al astado. En el quinto del festejo, un burel muy en el son de la corrida, pudo dejar varios pares que encandilaron los corazones manchegos. Y en el centro del ruedo. Teléfonos, arrimones, cercanías, embroques eternos y derroche de clase. Dos pinchazos y dos orejas. Buen trato, pero no justo.

La justicia ya se encargó de repartirla el santo salamantino con el que Vicens se quedó. Porque a partir de hoy el escalafón ganadero ha abierto las puertas del cielo -y de las vueltas al ruedo que se debieron dar a esos ángeles con pitones- a seis toros primicia de una  esperanza para el rejoneo. Y una revelación para el escalafón de la que Herencia ha formado parte.

PLAZA DE TOROS DE HERENCIA (CIUDAD REAL). Corrida de Feria. Lleno en los tendidos en tarde soleada y calurosa.

Cuatro toros de SAN PELAYO y dos de CARMEN LORENZO, desiguales de presentación, enrazados y muy nobles, destacando el buen tercero y quinto.
FERMÍN BOHÓRQUEZ, oreja y silencio.
SERGIO GALÁN, dos orejas y dos orejas.
LÉA VICENS, dos orejas y rabo y dos orejas.

POR: JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO  Sígueme en Twitter: @Javier_FdezCab

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