Desde la Edad Media y durante la Edad Moderna, surgieron en toda España dos instituciones que marcarían la vida social y económica de todas las villas y ciudades del país: fueron el señorío y el realengo.

En ambos casos, aunque con algunas diferencias jurisdiccionales, se trata, a grandes rasgos, de una donación hereditaria de tierras y vasallos, dada por monarcas a nobles (señores) o clérigos como pago por servicios prestados o recompensa a méritos adquiridos, pero por su mera voluntad (merced).

Su pervivencia en el tiempo (hasta el siglo XIX) y su carácter de base económica de la posición social de la nobleza, sobre todo tras perder ésta su poder político ante la monarquía, pusieron al señorío en el eje que articulaba los sistemas social, económico y político, por lo que puede considerarse que todos ellos formaban parte de un régimen señorial que caracterizó al Antiguo Régimen en España.

Lo fundamental para el señor es la percepción de la renta de la tierra; las vías de obtenerla eran innumerables, pues mediante un conjunto difuso de derechos señoriales conseguía gravar cualquier movimiento de la producción o aumentos de la prosperidad de los campesinos (derechos de paso, de portazgo… por la explotación de las sernas, de los molinos, …).

Desde el siglo XIII la servidumbre del herenciano fue, generalmente, a los cargos de la Orden de San Juan, pero en siglos posteriores otros señores (por la Merced Real) también fueron beneficiándose de los impuestos a los que eran gravados los habitantes.

Un ejemplo lo podemos comprobar en el Marques de Perales (realmente “de Perales del Río”). Este título estuvo presente en la economía herenciana durante los siglos XVIII y XIX.

El Marquesado de Perales, fue un título creado por el rey Felipe V y dado a Doña Antonia de Velasco y López de Moreda en San Ildefonso el 24 de Septiembre de 1727. Esta mujer se casó con Don Ventura Fernández de Pinero Rodríguez de Ubierna siendo los ascendentes de un linaje que consiguió un gran poder económico por todo el reino. Hasta Herencia llegó la influencia de este privilegio nobiliario.

Los siguientes Marqueses de Perales que ya tuvieron influencia en Herencia fueron: Ventura Antonio Fdez-Pinedo Velasco (de 1749-1789), José Miguel Fdez-Pinedo González-Quijano (1789-1808), Antonio Fdez-Durán Fdez-Pinedo (1808-1833) y Manuel Fdez-Durán Pando (1833-1854). Con la desamortización perdieron todos sus privilegios, expropiaron sus propiedades y desaparecieron del panorama económico de la localidad.

Sus ganancias no estaban, casi siempre, en la explotación directa de las propiedades sino en el arrendamiento continuado de las mismas a la mano de obra herenciana que pudiese pagar las rentas que el señor determinase.

Manuel Fdez-Durán, último Marqués de Perales

Así en 1789, el Marqués de Perales era propietario en Herencia de 1160 cabezas de ganado lanar que equivalía a casi un 10% de total de la ganadería local (el segundo propietario local)

En 1806 era junto con el Prior, el hacendado que más tierra de regadío tenía (debido a los precios elevados de su mantenimiento).

En 1807, era uno de los dueños de los 11 molinos harineros de Herencia, que además era “gran productor de cereales, uno de los mayores propietarios de ganado lanar y dueño también de varias huertas y viñedos”. En ese mismo año también aparece como propietario de un molino de viento (almazara).

Su influencia en Herencia en estos años se cernía exclusivamente al aspecto económico pues no aparecen referencias a estos personajes en los acontecimientos sociales y políticos de la localidad.

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