Mario ALONSO AGUADO, O. de M.
Académico y Escritor.

Nacimiento de Jesus
Nacimiento de Jesus

Hace unas semanas desayunábamos con la insólita noticia de que el Papa Benedicto XVI había mandado suprimir la mula y el buey de los tradicionales belenes. Diversos medios de comunicación social, no se si malintencionados, pero si al menos desinformados, airearon la noticia creando un revuelo mediático. Entonces si que se montó un belén y se armó la marimorena. En alguna tertulia radiofónica llegaron a decir que nos habían robado la mula y el buey de los recuerdos navideños de nuestra primera infancia.

De entrada, todo esto me hace pensar que aquellos que pretenden relegar a la Iglesia a un segundo plano, arguyendo que los cristianos han perdido significatividad en la sociedad y que todo aquello referido a la Iglesia ya no es creíble o no vende; esos mismos son los que ahora, contradictoriamente, se encargan de que la Iglesia salte al primer plano de la actualidad informativa. Eso sí, siempre con temas estrambóticos, escabrosos, oscuros, maldicientes, que repercuten negativamente en la imagen pública y en la reputación y autoridad moral eclesial. La objetividad informativa de ciertos comunicadores brilla por su ausencia, y muchos ciudadanos de a pie se tragan con una facilidad pasmosa todo cuanto leen u oyen. Son pocos los que acuden a las fuentes originales buscando información cierta y contrastando distintos puntos de vista.

¿De verdad que el Papa ha desautorizado la práctica tan entrañable y popular de poner el belén en nuestros hogares, y, más en concreto, de colocar las figuras de la mula y el buey junto al pesebre? nada más lejos de la realidad. El Papa en su reciente libro La Infancia de Jesús” (Editado por Planeta), último volumen de su trilogía sobre Jesús de Nazaret, en el que se basan las informaciones a las que nos venimos refiriendo, escribe lo siguiente: “María puso al niño recién nacido en un pesebre (Cf. Lc. 2,7). De aquí se ha deducido con razón que Dios nació en un establo, en un ambiente poco acogedor –estaríamos tentados de decir: indigno-, pero que ofrecía en todo caso la discreción necesaria para el santo evento (…) El pesebre hace pensar en los animales, pues allí es donde comen. En el Evangelio no se habla en este caso de animales” (pp. 74 y 76).

Pero el Papa Benedicto, afamado teólogo y acreditado profesor universitario durante décadas, especifica “la mediación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, refiriéndose a Isaías: El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño: Israel no me conoce, mi pueblo no comprende”.

Lo que está claro es que el Papa no ha negado en ningún momento la presencia de la mula y el buey en los belenes. Y por si quedara poco claro, Benedicto XVI concluye su explicación con estas rotundas palabras: “Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno” (pp.76-77). No hay, pues, que temer. La tradición belenística que comenzó el santo de Asís en el siglo XIII puede continuar adelante incluyendo los dos animales que alientan y dan calor al niño Dios.

Antes de abrir la boca para hablar, antes de ponerse ante el teclado de un ordenador para escribir, convendría informarse previamente y no lanzar opiniones o informaciones a la ligera, intentando desviar la verdad de la cruda realidad que vivimos y padecemos, distrayendo al personal con otros temas menores. Pongamos el belén, con las figuras del misterio al completo, que no falte en los hogares, en las familias, en las parroquias, en los conventos, en las sedes de Hermandades y Cofradías, en todos aquellos lugares que nos resulten más cercanos y familiares.

Estemos tranquilos. La mula y el buey no son una mera invención piadosa de la religiosidad popular, sino que van mucho más allá: se han convertido en acompañantes del acontecimiento salvífico de la Navidad, en virtud de la fe de la Iglesia, de la unidad y relación existente entre las profecías del Antiguo Testamento que se ven cumplidas en el Nuevo. Recordemos de nuevo las palabras del Papa: “ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”. Para todos, Feliz Navidad.

Mario ALONSO AGUADO, O. de M.
Académico y Escritor.

Vía: lapiedad1578.blogspot.com.es

2 Comentarios

  1. Feliz año a todos.
    Al sentirme aludido en uno de los párrafos del escrito del Padre Mario en el que indica que “… antes de abrir la boca para hablar, antes de ponerse ante el teclado de un ordenador para escribir, convendría informarse previamente y no lanzar opiniones o informaciones a la ligera, intentando desviar la verdad de la cruda realidad que vivimos y padecemos, distrayendo al personal con otros temas menores”, refiriéndose a la problemática del buey y la mula de Belén (de la que me hice eco con un breve escrito irónico) quisiera indicar lo siguiente:
    – MI escrito podrá ser más o menos acertado, coherente, literariamente aceptable, oportuno, adecuado,… pero NUNCA podrá ser culpado de que su intención fuese la de distraer al personal con otros temas menores. ¡¡¡Dios me libre!!!
    Cuidado con juntar las churras con las merinas (siguiendo con animales propios de establos). Claro que hay porblemas muchísimos más graves y sangrantes en nuestro mundo de hoy, pero el que se opine, acertadamente o no, de otras cuestiones “menores” no lleva consigo intentar engañar a la sociedad.
    De todas formas, he captado el mensaje. No vuelvo a escribir ninguna opinión hasta que no se trate de los “problemas de verdad” para que nadie me culpe de obviar la realidad.
    – Por otro lado, y mucho más grave, no acepto que se me incluya en el grupo de “aquellos que pretenden relegar a la Iglesia a un segundo plano, arguyendo que los cristianos han perdido significatividad en la sociedad y que todo aquello referido a la Iglesia ya no es creíble o no vende”. Por desgracia, en mi caso la situación es la contraria, y no soy quien relega a la Iglesia sino justamente, en mi caso, el problemo es el contrario, por no seguir unos principios que la propia Iglesia acepta en otras ocasiones, quizá por algún tipo de conveniencia.
    Insisto, acepto la crítica… pero nunca asumiré que dicha crítica sirva para estigmatizarme por quienes, hace un tiempo, ya lo han hecho (y, por supuesto, me refiero a la Institución y no al Padre MArio en particular, al que considero un buen amigo).
    Un saludo a todos.
    ANGEL FONTECHA

  2. Es verdad. Es completamente verdad. Es una verdad apabullante lo que el Padre Mario dice en este artículo. En concreto esto: “Antes de abrir la boca para hablar, antes de ponerse ante el teclado de un ordenador para escribir, convendría informarse previamente y no lanzar opiniones o informaciones a la ligera, intentando desviar la verdad de la cruda realidad que vivimos y padecemos, distrayendo al personal con otros temas menores”.

    Porque sí, para qué distraernos con temas menores como son los relacionados con la Iglesia, con el Papa, con los Santos Evangelio, el buey, la mula, o el caganet catalán de los belenes… porque eso exactamente es lo que es este asunto: un tema menor, una menudencia, algo alejado de la realidad de nuestras vidas. Gracias a dios lo que el Santo Padre diga o deje de decir importa tanto a nuestra sociedad como el comentario más freaky que pueda salir de Gandía Shore.

    Y sí: estas informaciones están para alegrarnos la sobremesa, para echarnos unas risas, para descojonarnos vivos si hace falta. Porque bastante han manipulado ya en las sacristías. Hoy y aquí (en otros países desgraciadamente aún no) estos temas son carne de Carnaval, que es lo que nos gusta.

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