Ya es una realidad: el próximo domingo 29 de noviembre la gloria del “gigante dormido” volverá a servir a la Parroquia de Herencia para armonizar sus ceremonias religiosas. Esa es la parte práctica, porque la moral radica en un proyecto que la propia localidad se planteó y que no sólo ha salido adelante gracias a la ayuda de todos, sino que servirá para que el corazón de La Mancha se nutra de él para siempre. El culpable de su reconstrucción física es el mexicano Eduardo Bribiesca, con el que Parroquia en Marcha se cita antes de la tarde mágica que grabará las mentes de los herencianos.

Eduardo Bribiesca organero encargado de la restauracion del organo barroco de Herencia. Foto de Ángela Bribiesca
Eduardo Bribiesca organero encargado de la restauración del órgano barroco de Herencia. Foto de Ángela Bribiesca

Desde que la Parroquia me planteó la propuesta para la reparación todo ha sido un laborioso trabajo, a pesar de las facilidades que a priori teníamos. La evolución ha derivado del trabajo duro y diario, no ha habido más. Ahora, que estamos en la recta final, todo se ve mucho más claro”, señala sobre los inicios de la reconstrucción del órgano. No debió ser nada fácil hacerle frente a un proyecto que no estaba claro y que paulatinamente, a base de temple y sudor, se ha logrado clarificar.

En sus manos se encontró toda una historia entremezclada entre, a los ojos del ciudadano de a pie, un amasijo de hierros sin más. Pero debajo de ellos estaba escrita la historia de un pueblo que le habló a Dios cada domingo del año a través de la música que salió de sus tubos. Con la música callada de la misma historia bélica se topó el órgano, pero ahora sale a la luz de las manos y los bolsillos de todos los que en 1936 vieron cómo se despedazaba ese “gigante” parroquiano. “Para empezar, no existía ninguno de los tubos originales. Hubo que reconstruir, por tanto, toda la cuestión fónica del órgano, hubo que reconstruir mecánica y estructuralmente reintegrando las partes que ya quedaban. Se encontraron las dos terceras partes del órgano”.

Eduardo Bribiesca organero encargado de la restauración del órgano barroco de Herencia. Foto de Ángela Bribiesca
Eduardo Bribiesca organero encargado de la restauración del órgano barroco de Herencia. Foto de Ángela Bribiesca

Le pregunto por lo valioso del instrumento. Me deja sin palabras. No llevaba razón. “Valioso es todo, porque encontrar algo ya es un hallazgo de importancia”, me dice, a lo que sigue “se encontraron sanas y salvas dos terceras partes del instrumento. Había piezas mecánicas o portavientos que se han aprovechado, teniendo que reparar todo lo demás. El teclado era propio para un piano, porque la persona que lo reparó en el siglo XVIII era un italiano que firma como constructor de pianos, no organero, por lo que lo hizo con criterio de pianero. Ha habido que reconvertir, pues, algunas partes para que hicieran honor al origen del instrumento”.

Y tras la intrahistoria de todos estos años de trabajo Eduardo hace gala de haberse topado con una joya de la Edad Moderna manchega. “Se encontró una cédula firmada por la persona que lo reparó en el siglo XVIII. Estaba en italiano, y en el texto cita que el órgano se compró en Toledo en el año 1633, y cuando se adquirió ya era de segunda mano. Es, por tanto, una joya del siglo XVII y su base es de esos años. No hemos intentado, pues, hacer una reconstrucción histórica sino musical. Entre otros muchos problemas, nos hemos encontrado con las alteraciones de sonido en el teclado desde la reparación dieciochesca”, señala.

Está claro que nos encontramos, más allá de apasionados subjetivismos, ante un instrumento único en el mundo no sólo por su carácter antiguo sino por la valía en sí que posee el órgano parroquial. Pero Eduardo explica esta cuestión asegurando que “todos los órganos son únicos porque son piezas hechas a mano, aunque hoy día salgan de fábrica, siguen siendo únicos porque muchos de sus componentes es imposible fabricarlos a máquina. Este es un órgano único, además, porque a pesar de su ecléctica vida, ha llegado a nuestros días con la personalidad con la que un día se creó. Y ese es un punto importantísimo para su nueva vida”, señala.

Debe sentirse pleno como profesional al poder visualizar el culmen de una obra como ésta. Exigía mucho de meditación y, sobre todo, de trabajo llevar adelante el proyecto planteado, y todas las partes han cumplido con creces para ver culminado el sueño musical. “La principal satisfacción es que la gente haya confiado en mi trabajo. A título personal, éste es un instrumento que te da más de lo que le entregas, porque me he dejado todo dentro de él. Es más una cuestión espiritual que laboral, y en el órgano de Herencia he dejado meditaciones y vivencias que se me quedarán grabadas para siempre”.

Eduardo Bribiesca organero encargado de la restauración del órgano barroco de Herencia. Foto de Ángela Bribiesca
Eduardo Bribiesca organero encargado de la restauración del órgano barroco de Herencia. Foto de Ángela Bribiesca

La historia del órgano tiene tras de sí un conjunto emocional importantísimo porque las mismas manos herencianas que destrozaron su interior en el conflicto bélico más sangriento del siglo XX en España han sido las que, económicamente, han contribuido a su reconstrucción. ”Es un orgullo para mí, pero el principal orgullo tiene que ser para la gente que ha colaborado. Es la misma gente que, en la Guerra, se cargó el órgano para hacer balas. Muchos de los que han colaborado, sin saberlo, tuvieron antepasados que cogieron los tubos para confeccionar armamento, y la reconstrucción del órgano es un motivo de orgullo para el pueblo”.

Roberto Fresco es el organista que llevará a cabo su puesta en escena el próximo 29 de noviembre, primer día de la novena a la Inmaculada, patrona de la localidad. “El órgano, como bien sacramental, está destinado al acompañamiento del culto y por tanto no se inaugura ni reinaugura, sino que se bendice a través de un rito. Vamos a cuidar, en este sentido, el origen del instrumento para que a partir de ahora sea un signo de orgullo para los herencianos”, rubrica Eduardo.