No me puedo imaginar ni por asomo que a mi nieto dentro de unos años un grupo, algunos dirían manada, le segasen la vida en un pis pas. Se me olvidaba decir que mi nieto se llama GONZALO .

Me parece imposible que mi nieto Gonzalo saliese a divertirse como más de mil jóvenes estaban haciendo en los renovados carnavales y nunca más volviese. Se me olvidaba decir que mi nieto se llama Gonzalo.

Se podría haber llamado de otra manera, pero la casualidad ha querido que se llame Gonzalo, si como mi nieto que se me olvidaba decir que se llama Gonzalo.

Lo cierto es que seguramente Gonzalo llevaba haciendo planes desde hace meses de cómo disfrutar de un Carnaval que con orgullo inauguraba la sentida y querida calificación de “interés turístico nacional”. Se me olvidaba decir que mi nieto se llama Gonzalo.

Algún bienintencionado dirá que los deseos de Gonzalo hubiesen sido los de… bla, bla, bla, pero yo se bien lo que quiero para mi nieto, pero sobretodo sé lo que querría mi nieto, algo tan sencillo como vivir.

Hoy domingo, cuando hace unos días mirábamos al cielo en busca de una tregua al persistente temporal con la que poder celebrar nuestro carnaval, nos hemos encontrado a Gonzalo que brillaba más que el sol. Se me olvidaba decir que mi nieto se llama Gonzalo.

Es verdad que mi nieto, si, el que se llama Gonzalo, podría haberse llamado de otra manera, pero lo cierto es que hoy todos nos sentimos y somos “GONZALO”.