Estimado José Luís.

Recibo gratamente sorprendido la noticia de que vas a ser homenajeado por el  Ayuntamiento de nuestro pueblo. No puedo por menos que mostrar mi contento por dicho evento y me alegro mucho por ti pues, sin duda, eres merecedor de éste y otros muchos honores.

Veo también tu invitación a que participemos en el acto donde se llevará a cabo esta distinción y como, lamentándolo mucho, no puedo asistir a dicho acontecimiento no tengo por menos que escribirte estas reflexiones que disculpen mi ausencia pero, además, te muestren mi reconocimiento a tu persona y mi admiración hacia ti.

Nos pides nuestra asistencia argumentando la misma “si alguna vez te he entretenido con mis escritos o te han servido para tener o complementar tus versiones de la vida”. Por supuesto que es suficiente motivo para estar contigo y, desde luego, que he disfrutado mucho de tus textos y particulares introspecciones; pero creo que te haces un flaco favor razonando tu valía en el solo argumento del esplendor de tus escritos.

Hay mucho más. Conocí de tu persona hace unas décadas cuando eras un referente político para la localidad y, por extensión, dentro del mapa político nacional y descubrí un personaje cuya humildad lo mantenía en un segundo plano pese a su importancia en las altas esferas públicas.

Cuántos con menos mochila en su haber sacan pecho y exigen el reconocimiento de sus paisanos. Precisamente tu modestia y sencillez han impedido que muchos jóvenes de nuestro pueblo conozcan de ti y tu trayectoria personal y profesional. Fuiste propuesto a un más que merecido Perlé de Honor pero la memoria colectiva es muy corta y muy escaso el deseo de la gente de conocer las excelencias de la trayectoria de alguno de sus paisanos.

He seguido tu lucha contra la enfermedad e inevitablemente me ha admirado  tu manera de enfrentarte ante las adversidades que se nos presentan.

Y hoy quiere mostrarte mi cariño y hacerte partícipe de la admiración que te tengo. Insisto en lo merecedor que eres del homenaje que vas a recibir y, desde la distancia, me uno a él esperando poderte abrazar pronto y transmitirte personalmente lo que un frío email quizá no pueda conseguir.

La vida está compuesta de pequeños instantes que a veces trascienden al momento y tú vas a participar, el próximo domingo, en una de esas ocasiones que conocerás del cariño de mucha gente que te rodea.  Recuerda que todo lo bueno que recibas lo tienes bien merecido.

Por último, agradecerte que con tu presencia y ejemplo hayas puesto tu grano de arena para forjar un mundo mejor entre todos los que te conocen.

Un fortísimo y sincero abrazo.

                                                                        Ángel Martín-Fontecha