Escrito por: Mario ALONSO AGUADO, O. de M.

El pasado sábado día 19 de Julio, a las 21.00 h., se inauguraba en la Sala de Exposiciones “Agustín Úbeda” de Herencia la exposición colectiva Pintores en homenaje a Agustín Úbeda. La muestra comisariada por Mª Dolores Fernández Fernández-Caballero, Concejal de Cultura de Ayuntamiento herenciano, cuenta con bello catálogo ilustrado. Además de obra del homenajeado, otros seis maestros del pincel, nacidos o afincados en Herencia, se suman exponiendo obras suyas en homenaje a Agustín Úbeda-Romero Moreno-Palancas, fallecido en Madrid, el 27 de noviembre de 2007, contando los 82 años de edad. Los pintores que unen sus esfuerzos, tributando cumplido a Úbeda, y consideración para con su obra, son Julián Martín Casado, Jesús Madero, Manuel Fernández-Caballero, José Higueras, Higorca Gómez y Enríquez Rodríguez de Tembleque.Curiosamente, en mi última estancia en Madrid, el día 2 de julio, había recalado en la gran Basílica Hispano-Américana de la Merced, magnífica obra de los arquitectos Sáenz de Oíza y Laorga, y lugar de residencia de Martín Casado. Allí hablamos del homenaje en cuestión y de la obra de su amigo Agustín, pintor total cargado de un acervo de calidades y cualidades que nos abruman. Úbeda, hábil pintor barroco postrado en lo rural pasado por Montparnasse, presa de su propio delirio, fue tamo seducido en vida. Francisco Umbral descubrió su fetichismo de misógino en los pechos femeninos “siempre pintados con candidez, como panes o lunas, como dones o un místico mazapán, con el pezón en medio, rojo o negro, agresivo, cínico más que obsceno, burla del hombre que los mira desde su condición agachapandada y cornialerta”.
Martín Casado mandó una buena muestra de sus acuarelas, marinas insinuadas, paisajes de trazos inequívocos, aguadas magistrales repletas de perfiles con aires altos y llanadas en tierra. Pero disculpó su presencia física el día de la inauguración de la exposición. Me entregó, de su puño y letra, unas cuartillas para las leyese en su nombre. Lamentablemente, obligaciones mayores me impidieron estar en el acto. Sirva este artículo para reparar la ausencia.
Escribe Martín Casado: Lejanos recuerdos. Los más remotos. Sus orígenes “desde la más tierna infancia”. La profesora de párvulos, la Srta. Paquita, nos enseñaba la historia de los cartagineses en España. Su didáctica era viva, tangible. Agustín era Asdrúbal, yo su hermano Anibal.
Años más tarde, después de la guerra, coincidimos los dos en la escuela de D. Abilio, la de mayores. Éste muy recordado y estimado maestro nos encargaba a los dos dibujar las ilustraciones y esquemas de las lecciones en el encerrado.
Al parecer, ya destacábamos en este terreno, o, al menos, así lo apreciaba D. Abilio. Lo cierto es que ya nos sentíamos atraídos por la pintura.
De todo aquello procede la dedicatoria generosa que Agustín me dedicó en el libro titulado ÚBEDA y que tuvo la gentileza de regalarme cuando nos vimos después de muchos años. –El libro en cuestión, titulado UBEDA, como bien dice Julián Martín, está escrito por José Hierro y Manuel Conde, edición Manchester Indústria e comercio Ltda. Sao Paulo, Brasil. La dedicatoria dice así: “Para mi amigo Julián, que pintaba mejor que yo, y como le dio por la fe no ha pintado lo que debía” rubricado, Agustín- Lo de que “le dio por la fe”, se refiere a que Martín Casado es sacerdote de la Orden de la Merced, e insinúa que su obligaciones como sacerdote y como religioso le “impidieron” llevar una vida dedicada de lleno al mundo de la pintura.
Prosigue Martín Casado: Yo había seguido su trayectoria pictórica de lejos, por eso cuando me establecí en Madrid traté de verlo. Fue un encuentro cordial, de viejos amigos, y, además, por indicación suya lo visité en una de sus clases de Bellas Artes.
Aunque no frecuentes tuvimos otras ocasiones de vernos y de hablar. Hasta que, enterado por la prensa, le di el último y sentido adiós en el Tanatorio de Tres Cantos.
He admirado sus obras en museos, exposiciones…y he tratado de profundizar en su pintura a través del libro al que me he referido. Su estilo personalísimo y genial se extiende a todas sus creaciones, de tal manera que, al toparme inesperadamente con alguna de ellas, antes de tener constancia de su autoría, descubría que era de Agustín.
Sus temas humanos son reveladores de su identidad y entorno, ¿autorretratos?; sus naturalezas muertas, sentidas, recreadas, tratadas con esmero, muestran una exquisitez de espíritu; sus vistas panorámicas de ciudades y paisajes están impregnadas de recuerdos, añoranzas, fantasías…

Su obra toda, enraizada en su tierra, pero abierta a los más amplios horizontes, es una fuente de comunicación de sensaciones estéticas, emotivas…y religiosas. Así lo veo yo. Hasta aquí las palabras sentidas de Julián. Homenaje de la acuarela al óleo. Afecto entre dos herencianos ilustres que, caminando por sendas distintas, alcanzaron las más altas cumbres, endiosando el arte de la pintura y plasmando en él, el ser y esencia de Herencia, el pueblo que les vio nacer y crecer. Tocará a las generaciones venideras la obligación colectiva de proteger y divulgar sus obras, ensoñadoras e imaginativas, y eternamente sometidas a los recuerdos más íntimos de cada uno de ellos.

P. Mario ALONSO AGUADO, O. de M.
Real Academia de Bellas Artes
y Ciencias Históricas de TOLEDO.

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