Estandarte de Animas
Estandarte de Animas, que abre el Ofertorio del Martes de Carnaval en Herencia.

Por Javier Fdez.-Caballero Díaz-Meco

Últimos esbozos de un Carnaval que nos deja. Ya huele a primavera cuando Don Carnal ha abandonado la zanja de un pueblo que, entre jocosos corrillos y rudas burlas, ha exprimido en la última de las carrozas su más sentido pésame. Otro año que comienza y una nueva etapa por delante. Es la etapa del sueño, la esperanza y la ilusión de poder celebrar un Carnaval 2014 del que jactarnos en toda España por Nacional.

Idealizada introducción, pero ruda realidad. Ruda y cruda, por no decir perdida o casi: la de nuestra historia, nuestra tradición y nuestra raíz carnavalera. Es cierto que los lógicos giros de los tiempos hacen mella en cualquier sociedad, pero saber de dónde se viene es lo que realmente distingue, hace diferente, le da personalidad y le confiere elegancia no sólo a un grupo humano sino a una comunidad como es el pueblo de Herencia. Y lo más importante, una comunidad que lucha por un sueño como es ese Carnaval mágico que debe ofrecerse más allá de nuestras fronteras regionales.

Escuchar en pleno éxtasis de jolgorio profano que “la alegría del Carnaval también se vive en el cielo” tiene un valor incalculable. Eso es lo que le da sentido a esos largos pasacalles, a esas eternas noches manchegas y al momento especial que Herencia tiene preparado para sus jóvenes. Y lo estamos perdiendo: echamos abajo nuestras raíces porque no las sabemos cuidar, no sabemos apreciar esa base histórica que sostiene nuestro Carnaval y que lo inhibe de ser considerado una mera fiesta. O mejor dicho: no sabemos fomentarlas ni cómo hacerlo.

Perdemos el Norte, cuando no sabemos de dónde venimos pero seguimos caminando hacia adelante, lo perdemos, no tenemos dónde fijarnos ni dónde apoyarnos para sostener esa fiesta que defendemos de Nacional. Y si nuestro Carnaval realmente merece ser declarado así, también merecen ser respetada, fomentada e inculcada a los jóvenes esa base religiosa de la que también deberíamos sentirnos tan orgullosos como cualquier otro acto carnavalero. Como el que más, como el fuego que arde en todo esto, que calienta el corazón de la máscara y le infunde esa gracia especial que la hace diferente. Que nos hace diferentes y que distingue realmente nuestra fiesta como algo único.

¿Soluciones? Que se pongan a trabajar: Asociación Carnaval de Herencia, Peñas, …y también compete a la propia Iglesia establecer los cauces correctos para que nuestra base siga siendo eso: fundamento sobre el que asentar nuestros principios como pueblo y como Carnaval en unos días maravillosos. Los Funerales de Ánimas, como islote y oasis espiritual antes de llegar a la meta del Ofertorio, no sólo dan sabor a la tradición de lo que fue, sino que nos señalan hacia aquello que el Carnaval debe o debería ser. Y deberá ser aquello por lo que opte Herencia, pero desde luego el pasado siempre quedará como huella imborrable de un Carnaval con tinte religioso.

Ya no lo es. No pido que lo sea, sólo pido que no lo olvidemos.

Articulo de opnión de: Javier Fernandez-Caballero Diaz-Meco.

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