La celebración del 775 aniversario de la Carta Puebla de Herencia es una excusa o, mejor dicho, una invitación para reflexionar sobre nosotros mismos desde una perspectiva histórica, vertebradora de nuestro pasado, presente y futuro. Es un verdadero privilegio poder tener acceso libre y gratuito a los fondos históricos que recientemente ha puesto a nuestra disposición el Centro de Estudios Herencianos en su página web (www.centrodeestudiosherencianos.es). Ojeando su contenido (fotos antiguas, videos, publicaciones, actas, programas de festejos, revistas….) es inevitable pensar en lo evidente, en cuánto han cambiado las cosas en este pueblo: nuestras calles, formas de vestir, vehículos, herramientas, oficios… Lo que hasta hace no tanto era algo cotidiano, normal y corriente, ahora nos resulta casi desconocido; mucho más, cuanto más jóvenes somos. Y sin embargo existen elementos perennes que se mantienen en el tiempo y, aunque adaptados a cada una de las épocas, permanecen casi inalterables en el acervo cultural herenciano. Se trata de nuestro patrimonio y nuestra cultura. Ahí están, ahí están viendo pasar el tiempo el carnaval, la romería, la feria, el parque, el convento, la iglesia…. Sí, ahí están viendo pasar el tiempo, pero ¿desde siempre?

Para siempre, no hay nada para siempre” cantaban los míticos Héroes del Silencio. Ni desde siempre tampoco, añadiría yo. Antes, me refería a lugares y fiestas que parecen ser co-sustanciales a Herencia desde los orígenes de los tiempos. Pero una mirada histórica, como la que nos obliga este 775 aniversario de la Carta Puebla, fulmina esa visión tan simple, poco profunda e incluso radical de las cosas. Ni Herencia ha existido como ahora la conocemos desde siempre, ni sus circunstancias han sido las mismas, ni tampoco sus intereses, actividades, lugares, costumbres, tradiciones. Todo es relativo y, ante la inmensidad del tiempo y de la Historia, mucho más.

Justo este año también se conmemora otro aniversario herenciano: los 300 años de la iglesia parroquial de la Inmaculada Concepción. Trescientos años son muchos desde luego, pero, en aquel entonces, Herencia ya tenía concedida la Carta Puebla con una antelación de 475 años y, desde un tiempo mucho más remoto, otras gentes, sin que Herencia existiera como tal, vivían, trabajaban y rezaban por estos páramos. Y aun así, no teniendo la iglesia parroquial ni la mitad de años que la Carta Puebla, es, sin duda, uno de los símbolos de Herencia.

¿Qué es lo que lleva a que un edificio, por ejemplo, sea considerado un símbolo de una población? ¿Cómo y cuándo una celebración o costumbre pasa a ser considerada una tradición? Y al contrario, ¿en qué momento y por qué razón, cuando una tradición ha llegado a formar parte de la idiosincrasia popular, cae en desuso, se pierde y se olvida? Imagino que se debe al propio carácter vital de la cultura, que está en movimiento perpetuo, en una continua evolución. Como el lenguaje. Se trata de un proceso natural que vincula a una determinada población con el lugar donde se asienta, su entorno, su época,… “Yo soy yo y mi circunstancia”, que diría Ortega y Gasset.

Fruto de este devenir histórico nos encontramos, un año más, celebrando la Feria y Fiestas de Herencia. Es curioso cómo nos hemos acostumbrado ya a decir del tirón, como si fuera lo mismo y con idéntico significado, eso de “feria y fiestas”. Sin embargo, una cosa es la feria y otra las fiestas, cuyos orígenes, alcance y significados son diferenes. Y es que la Feria nunca se ha celebrado en honor a la virgen de las Mercedes, ni tampoco en honor a otra advocación mariana que entre en liza por tener el honor de ser llamada patrona de Herencia.

Hace poco mi amigo Claro Fernández-Caballero compartió conmigo una publicación que había extraído del archivo de la Biblioteca Nacional de España. Se trata del número 217, de fecha sábado 5 de agosto de 1826, del Diario de Avisos de Madrid en el que aparecía publicado, en su página 867, el siguiente apunte:

El Rey nuestro Señor (que Dios guarde), a consulta del real y supremo consejo de Castilla, se ha servido conceder a la villa de Herencia, partido de Alcázar de San Juan, la facultad de que pueda celebrar perpetuamente tres días de feria, que serán el 14, 15 y 16 de agosto de cada un año de todos frutos, géneros, artefactos y ganados de diferentes especies, la cual dio principio en el proximo pasado, y parage de la plazuela de nuestra Señora de la Asunción, conocida por la Labradora, habiéndose experimentado grande concurrencia y venta de todos géneros, y en particular de caballerías cerriles y domadas. Lo que se hace saber para que llegue noticia de todos sus vecinos y pueblos inmediatos”.