Y es que eso es, precisamente, lo que significa la feria; y así mismo lo recoge el Diccionario de la Real Academia Española que la define como: Mercado de mayor importancia que el común, en paraje público y días señalados” y “Fiestas que se celebran con tal ocasión”. Por lo tanto, en su origen, la Feria de Herencia no era sino un mercado agropecuario y de otros productos. Si a ello se le suma la fecha en que se empezó a celebrar, por la virgen de agosto (algo muy común en el resto de pueblos de España), es decir, en una época de fin de recolección de la cosecha, principalmente cereal, y antes de la vendimia: ¿cómo no iba a ser motivo de alegría y fiesta? Se trataba, pues, de un mercado y fiestas que se celebraban con tal ocasión. Las gentes podían tomarse un descanso, y muchos empezaban a cobrar. ¿Quién no recuerda el dicho tan herenciano de “tienes más trampas que la Labradora”? Porque por esas fechas, terminada ya la siega, podían pagarse las deudas, y comprar, y vender… De ahí que fuera lógico que se empezara a celebrar la Feria de Herencia a mediados de agosto. Pero sin honores a deidad alguna. Se trataba de algo mucho más terrenal. Es más, si nos remontamos en la Historia, veremos que la mayoría de fiestas cristianas sustituyen a otras fiestas anteriores paganas e incluso profanas. Este tipo de celebraciones antiquísimas no solo se dan en España. Encontramos ejemplos de ello en Italia, que el 15 de agosto celebra el famoso “Ferragosto” que deriva de la locución latina Feriae Augusti (vacaciones de Augusto) que se trata de una fiesta instituida por el emperador Augusto en el año 18 antes de Cristo  y que se unía a unas festividades más remotas que en el mismo mes celebraban el fin de las labores agrícolas.

Ignoro en qué momento se trasladó la fecha de la Feria de Herencia y se unió a la festividad religiosa de La Merced. Tampoco es mi objetivo documentar tales hechos. Sé que incluso cuando ya se celebraba en el mes de septiembre se volvió a trasladar a mediados de agosto en alguna ocasión, y de nuevo se cambió a la fecha en la que actualmente la celebramos. En todo caso, el origen de la feria no está vinculado a ninguna fiesta religiosa. Sin embargo, actualmente no solamente celebramos la feria sino también las fiestas, y es aquí donde aparece la vertiente religiosa. No podemos olvidar que pese a su origen laico, la Feria, al coincidir durante muchos años con el día de la virgen de las Mercedes, con mucha devoción en Herencia, ha ido de la mano con su festividad. De ahí lo de “Feria y Fiestas”. Pero ir de la mano, o coincidir en el tiempo, no implica la sumisión de una celebración a otra. Por esa razón, intuyo, no siempre los programas oficiales de la Feria y Fiestas de Herencia se han dedicado a la virgen de las Mercedes sino que han tenido los motivos más diversos y variados, sin que en su portada se hiciera mención a la advocación mariana; ni siquiera durante el franquismo, donde el catolicismo era la religión oficial del Estado. Para ejemplo, un botón: junto a este artículo se acompañan algunos carteles del programa de la Feria y Fiestas de Herencia de los años 40, 50, 60, 70 y 80 en los que no se alude a que sean celebrados en honor a nadie.

Sin embargo, en los últimos años, vengo observando cómo alguien (¿quién?), no se sabe cuándo, ni cómo, ni por qué, ha decidido que nuestra “Feria y Fiestas” merezca oler más a jazmín que a ganado, encumbrarla a los altares y procesionarla en andas, o en costales, bajo el palio de ser celebrada exclusivamente “en honor de Nuestra Santísima Madre de las Mercedes”, relegando a un segundo plano, e incluso dejando caer en el olvido, la vertiente laica y de celebración de la naturaleza que tiene la Feria. Como título para la portada de un libro de festejos podría quedar muy bonito y sonoro, pero como síntesis y reflejo de la Feria y Fiestas en sí no creo que resulte ser lo más apropiado, sobre todo  en estos tiempos, después de casi 35 años de una democracia formalmente aconfesional.

No entiendo por qué, de repente, surge la idea (o se confunden los términos, dando a entender que la “feria y fiestas” es un todo único, de carácter meramente religioso), apoyada por las propias autoridades locales, de que la feria se celebra en honor a la virgen de las Mercedes, dotándola de un halo de religiosidad que se aleja tanto del origen puramente mercantil y de celebración de la naturaleza, como del propio presente, ya que somos muchos los herencianos ateos, agnósticos o creyentes de otras confesiones, quienes de igual manera sentimos nuestra la Feria sin que, por ello, sintamos y compartamos ese apego fervoroso católico. Es más, el origen pagano al que antes aludía continúa muy presente en la actualidad, no ya con la compra y venta de reses, pero sí con las atracciones y los múltiples puestos de mercadillo que se suceden en el recinto ferial. Todo ello sin hablar ya de los chiringuitos y la carpa donde el alcohol, el tabaco, las risas, los bailes, la jarana y el cachondeo en nada recuerdan a una fiesta religiosa. Y ¿qué decir de la tan arraigada frase de “me he feriado esto o lo otro” que, una vez más, nos remite a la tradición donde en feria uno iba a comprar y vender?

Con todo esto no pretendo apartar la festividad de La Merced, o cualquier otra que los herencianos quieran celebrar. Muy al contrario: se trata de incluir y no excluir. Nada tengo en contra de que se procesione la virgen el día 24 de septiembre. Es más, me parece una tradición muy arraigada y que contribuye a una mayor riqueza cultural de nuestro pueblo. Pero me parece oportuno recordar, y reivindicar, el origen pagano y profano de nuestra Feria. Creo justo pedir a nuestras autoridades locales que contribuyan a vertebrar una sociedad más abierta, más tolerante y más integradora mediante un compromiso político no confesional. Si el Alcalde y los concejales quieren asistir a la función solemne en honor de la virgen de las Mercedes: ¡adelante! ¿Quién se lo impide en un estado democrático como el nuestro donde la libertad religiosa está garantizada como derecho fundamental? Pero, eso sí, que lo hagan a título personal, sin dotar a una festividad religiosa de un carácter institucional y oficial que no posee.